CARA Y CRUZ

El recurso del odio

jueves, 25 de abril de 2019 · 04:03

Tal vez Elisa Carrió sea la menos sutil de las expresiones de la desesperación macrista.
En el despeñadero electoral, Cambiemos exacerba el odio con el propósito de sostener y profundizar lo único que, supone, puede salvarlo: la grieta.
En tal contexto se inscribe el “gracias a Dios que murió De la Sota”, último dislate retórico de la jefa de la Coalición Cívica, perpetrado en Córdoba durante una visita para respaldar al candidato a gobernador Mario Negri.
Es un error considerar que Carrió está loca. Quizás alguna neurona le patine por ahí, pero sus palabras tienen como destinatario al núcleo más duro y gorila del macrismo, ese que se mueve exclusivamente por animadversión a un peronismo caricaturizado como salvaje.


Que Negri camina en Córdoba hacia una derrota no es misterio para nadie. Sólo puede aspirar al módico festejo de imponerse sobre su rival en la interna del radicalismo, el intendente de la capital mediterránea Ramón Mestre, pero la reelección del gobernador Juan Schiaretti es un hecho.
No conviene dudar de la inteligencia de Carrió. Nadie llega adonde llegó siendo un zonso. Si en nada podían contribuir a la suerte de Negri sus manifestaciones, es porque la meta era otra.
"Lo que todo Córdoba tiene que plantearse es quién maneja la droga a partir de ahora", añadió tras el brulote.
La droga.
Las palabras lilitas de Córdoba se encadenan a las disparadas pocas horas antes contra el precandidato a gobernador de Santa Fe Antonio Bonfatti: “Votar a Bonfatti es votar a Los Monos”, la banda narco.


La línea es nítida.
La prédica contra el kirchnerismo ha perdido fuerza como combustible para la grieta salvadora. Fogonear la tirria requiere nuevos insumos y Carrió pasa al frente: hay que vincular a los adversarios de Cambiemos con el narcotráfico.

No es casual que la diputada haya iniciado la escalada en los dos distritos de padrón más populoso del país después de la provincia de Buenos Aires, que Cambiemos no controla.

Tampoco es azaroso que su ataque en Córdoba haya incorporado a José Manuel De la Sota.

El triunfo allí el próximo 12 de mayo dejará a Schiaretti libre para operar en la escena nacional y una de las hipótesis que circulan es que aspira a completar el proyecto que su extinto socio político y mentor había comenzado a edificar: reponer en la Casa Rosada un peronismo superador de la grieta.
Ningún escenario sería más funesto para el fracasado Cambiemos. Cualquier recurso será válido para evitarlo. Carrió mostró el naipe: en Córdoba, para ella, triunfará menos el peronismo que el narcotráfico.


La caricatura peronista tiene un momento emblemático tras la tragedia de los ’70: el caudillo de Avellaneda Herminio Iglesias quemando un féretro ataviado con los símbolos del radicalismo en el cierre de campaña de Ítalo Argentino Lúder.
La postal condensó un derrotero de odio del que la Argentina quería escapar. El radical Raúl Alfonsín se impuso sin atenuantes, el justicialismo cayó en las urnas por primera vez.
Cambiemos ya tiene su Herminio. “Gracias a Dios que murió De la Sota” es el cajón de la UCR incinerado.
La diputada Elisa Carrió pretende anclar el debate político en la división maniquea. Hay que prestar atención a los blancos seleccionados para los primeros misiles. Ni Schiaretti, sucesor de De La Sota, ni Bonfatti militan la grieta que tanto entusiasma a quienes se benefician de ella.
A Carrió, y tal vez a Cambiemos, que suscribió sus dichos con el silencio cómplice, no le inquietan ni la corrupción, ni el deterioro institucional, ni el narcotráfico; ni siquiera el peronismo o el populismo.
Aferrados a la grieta como última esperanza, solo les preocupa que la sensatez logre cerrarla.

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