CARA Y CRUZ

...mona queda

jueves, 18 de abril de 2019 · 04:10

Estragado en la consideración pública por los efectos de su política económica, el presidente Mauricio Macri habilitó una batería de medidas tendientes a mitigar la inflación y alentar el consumo (ver páginas 2 y 3). Pretende generar un microclima amable para el bolsillo que lo oxigene hasta las elecciones donde se jugará su continuidad, ya fracasados todos los intentos por domesticar a mercados angurrientos que no advierten la conveniencia de invertir en otra cosa que no sea la timba financiera.

Para el caso de Catamarca, donde la controversia por el desmesurado precio de la energía cobró particular virulencia, se destaca entre las disposiciones la suspensión de los dos últimos tramos del incremento de tarifa programado para este año para llegar a un 55% en agosto. Algo es algo, aunque haya que recordar que el 40% -26% en febrero, 14% en marzo- ya está puesto y al usuario no se lo saca nadie.
Los aumentos que faltan “serán absorbidos por el Estado nacional”. Siempre tan gaucho, este Macri.


Se asiste a un interesante giro conceptual, provocado seguramente por la gravitación de astros electorales. El subsidio deja de ser mala palabra para la Casa Rosada y se aplicará a la energía y otros servicios. Vuelta al péndulo: del subsidio para nadie, al subsidio para todos, sin escalas.

Lo que no cambia es la idiosincrasia centralista, portuaria, de la administración Macri. Aunque la mona se vista de seda, mona queda.

Quienes más se beneficiarán con este subsidio, tan indiscriminado como el retiro de los subsidios decretado en diciembre, son los usuarios de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, los de mayor poder adquisitivo del país, que abonan tarifas de luz irrisorias comparadas con las del interior. Como complemento a esta concesión a la comunidad más acomodada de la Argentina, también se abstendrá el Gobierno de aumentar precio del transporte público metropolitano.

Con el 40% del aumento a la energía ya chicoteando, que las provincias hagan lo que mejor puedan. La que quiera y pueda subsidiar, que lo haga nomás, nadie va a impedírselo. Lo mismo vale para el transporte público.


No hay derecho a sorprenderse. La reticencia a considerar las condiciones específicas del interior para diseñar políticas diferenciadas adecuadas ha sido característica enfática de la gestión Macri, cuya sensibilidad, si hay que creerle, produce efectos paradójicos. Ejerce la solidaridad en igual medida con pobres y ricos, sin notar, o notándolo y haciéndose la zonza, que lo que para unos es legítimo auxilio, para los otros constituye un privilegio irritante.
Respecto de la tarifa energética, lo que para el interior, sobre todo el más profundo, constituye un desahogo –chico nomás, pero desahogo al fin- para los usuarios de la CABA es una prerrogativa, teniendo en cuenta además que la disponibilidad económica de ese distrito para financiar subsidios adicionales es mucho más grande que la de provincias como Catamarca.


No obstante, el Presidente se ocupa de difundir que su corazón está con todos los argentinos, vivan donde vivan, cualquiera sea su condición social. Poco antes de los anuncios realizados por sus ministros, se puso a circular un video “casero” en el que aparece muy compungido, de visita en la casa de una familia del barrio porteño de Colegiales. “Lo que más daño nos hace es la inflación” admite. Para él es “la batalla más importante”.
“Se la vamos a ganar, en el corto plazo está duro”, pronosticó.
Macanudo. Ahora, mientras se agota ese corto plazo que aparte de duro ya va para los cuatro años, tal vez habría que considerar que la inflación no castiga con idéntico rigor a todos. 
Los matices siempre tienen importancia. 

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