Editorial

Pateando la pelota

El titular de Capresca, Juan Cruz Miranda, admitió con preocupación que cada...
martes, 16 de abril de 2019 · 04:18

El titular de Capresca, Juan Cruz Miranda, admitió con preocupación que cada vez son más los empleados púbicos que solicitan créditos en el organismo con el único fin de pagar préstamos adquiridos con anterioridad, cuya devolución no pudieron afrontar con los ingresos que actualmente tienen.


La modalidad, como fácilmente podrá advertirse, no es sustentable: implica, como estrategia de supervivencia, patear la pelota para adelante, pero la deuda se va incrementando y los salarios deteriorándose, por lo que en algún momento sobrevendrá, inevitable, un corte en la cadena de pagos.


Lo mismo sucede con los préstamos que otorgan la ANSES u otros organismos del Estado, que tienen intereses bajos y condiciones de flexibilidad. Si aún con esas condiciones crediticias favorables, los beneficiarios tienen severas dificultades para afrontar el pago de la deuda, con mucho más razón cuando acuden a préstamos de financieras, que tienen intereses altísimos, en algunos casos usurarios. 


La necesidad de acudir a préstamos para obtener dinero en efectivo está asociada a la brusca caída del poder adquisitivo registrada en 2016 y  luego de la devaluación de 2018. El año pasado la inflación orilló el 50 por ciento, y los incrementos salariales acordados en paritarias para trabajadores formales apenas superó en promedio el 30 por ciento. En los primeros tres meses del año, el incremento general de los precios superó el 10 por ciento, superando notablemente los aumentos salariales otorgados en el mismo período. 


En 2016, luego de la devaluación operada en diciembre de 2015, la inflación fue del orden del 40 por ciento, y los salarios perdieron un promedio de 7 u 8 puntos porcentuales. En 2017 la inflación rondó el 25 por ciento, y el incremento general de los salarios un porcentaje similar.   


El impacto del tarifazo de los servicios públicos en la economía doméstica es formidable. De hecho, son cada vez más los usuarios que recurren a préstamos para pagar la energía eléctrica, el gas natural o el agua. También en este caso la estrategia es de corto plazo. Si a un usuario el salario no le alcanza para pagar las boletas y por esa razón pide un crédito, al mes siguiente, además de abonar las facturas de los servicios, deberá afrontar el pago de los intereses del préstamos contraído.


En las actuales circunstancias aumentan las chances de un corte cada vez más masivo de las cadenas de pago, lo que pondría en jaque la propia estabilidad de la economía. El deterioro del poder adquisitivo de los trabajadores tiene límites concretos, y el menoscabo que sufrió el salario en el último año, particularmente desde la primera corrida cambiaria de abril-mayo de 2018, ha sido demasiado brusco.


La recomposición de los ingresos es un proceso necesario no sólo por razones vinculadas a la justicia social, sino además porque constituye una herramienta necesaria para evitar un descalabro en el funcionamiento del propio sistema económico.

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