EL MIRADOR POLÍTICO

Camarón que se duerme…

domingo, 14 de abril de 2019 · 04:10

El subsidio al consumo de energía fue decidido por el Gobierno provincial luego de constatar que la acción de amparo planteada por la Fiscalía de Estado contra el decreto nacional que estableció un incremento escalonado de las tarifas para 2019 era insuficiente para redireccionar la furia de los usuarios de la EC SAPEM hacia la Casa Rosada. 

Los respaldos que sucedieron a esta maniobra legal marcaban la vulnerabilidad que sentía. Precisaba compensar un retroceso experimentado en el terreno político, pero tampoco la multiplicación inducida de apoyos modificó el blanco del malhumor social. 

La preocupación se acentuó al advertir que la oposición capitalizaba la protesta y se proyectó. La revuelta anti tarifa había estallado en la primera de las tres cuotas programadas para la suba. La segunda se reflejaría en las boletas muy cerca de las PASO de agosto. La tercera, que redondearía el 55%, pisando las elecciones de octubre. Un horizonte demasiado peligroso para el sueño de la continuidad en el poder, cuyo carácter ominoso se acrecentaba debido a que la oposición había encontrado en el castigo a la EC SAPEM tegumento para aglutinarse.

El FCS-Cambiemos local logró que el incremento desmesurado de las tarifas de energía fuera achacado por una importante porción de los usuarios a la distribuidora de energía local y no al Gobierno nacional y a la mayorista CAMMESA.

La alianza opositora jugaba cómoda. Venía desde hace tiempo trabajando en objeciones a la EC SAPEM lubricadas por la multimillonaria deuda contraída por la firma estatal, con un argumento rendidor por su simpleza, que caló fácil en un universo de usuarios enfrentado, con boletas impagables en mano, al corte del servicio concreto. Si los aumentos de la tarifa, decididos a nivel nacional, se aplicaron en Catamarca, ¿a qué destinó la EC SAPEM la plata cobrada por la distribución?

La empresa estatal puede alegar muchas cosas ante el interrogante: obras financiadas con fondos propios, incorporación de colgados al sistema, extensión del servicio a sectores sociales que antes estaban excluidos, pero todos ceden cuando el usuario exhibe la factura: no puedo pagar aunque quiera, no me importa quién tiene la culpa, la luz me la corta la EC SAPEM, no CAMMESA; acomoden ustedes sus cargas con la mayorista, a mi resuélvanme el problema.

Agotada inútilmente la retórica contra la Casa Rosada, solo quedaba el naipe del subsidio.

Omisiones
Camarón que se duerme se lo lleva la corriente, cantaba el politólogo Ricky Maravilla.
Quizás la fe de los oficialistas en las encuestas es excesiva. Tienen a los dos dirigentes mejor posicionados, por muy lejos, en los sondeos: la gobernadora Lucía Corpacci y el intendente capitalino Raúl Jalil; la imagen del presidente Mauricio Macri, referente de la oposición, cae en picada. Ergo: habrá que resolver algunas divergencias intestinas, pero las elecciones están en el buche.

El sismo tarifario vino bien para recordarle a más de uno lo inconveniente de contar los cabritos antes de la parición. En el fondo, para el Gobierno es una suerte que el problema le reventara en la primera cuota del tarifazo y no en la segunda o, peor, tercera, ya con las urnas encima. 

Tiene tiempo para tratar de revertir los efectos políticos perniciosos de sus omisiones. 
No es solo que tuviera conocimiento del volumen del tarifazo ya desde diciembre. En septiembre, al firmar la addenda al Pacto Fiscal, acordó que los subsidios a los servicios que hasta entonces financiaba el Tesoro Nacional serían soportados desde 2019 por las provincias. 

El Gobierno provincial suscribió hace seis meses la escena tarifaria que ahora lo atormenta. Y algo más: ya en enero padeció las consecuencias, con el conflicto con las empresas y el sindicato –patronal y trabajadores unidos, un ejemplo de convivencia cívica- por la porción del subsidio al transporte público transferida de la Nación a la Provincia.

En esos seis meses, remoloneó en la reconfiguración del padrón de beneficiarios de la tarifa social de energía. Convocó a un reempadronamiento, pero no lo alentó, con el obvio objetivo de reducir el monto que tendría que poner para cubrir la deserción nacional que había convalidado en la addenda al Acuerdo Fiscal.
Vale decir: en septiembre supo que tenía que financiar los subsidios y en diciembre, con la oficialización del tarifazo nacional, estuvo en condiciones de calcular la incidencia en el presupuesto de este auxilio estatal a los usuarios para actuar en consecuencia, como hicieron otras provincias similares a Catamarca en las que el costo de la energía es menor porque el Estado provincial lo subsidia.

El déficit, de tal modo, es menos económico que de lectura política, porque, además, el problema del costo de la energía atraviesa toda la gestión Macri, a punto tal que generó cortocircuitos entre los “paladares negros” del PRO y sus socios del radicalismo y la Coalición Cívica y precipitó la salida del gabinete de uno de los funcionarios dilectos de Macri: Juan José Aranguren resignó el Ministerio de Energía en junio del año pasado.

A tiempo

Lo dicho es agua pasada. El camarón despertó antes de que la corriente del tarifazo se lo llevara y estará más alerta ahora para no sucumbir a la tentación de siestas tan riesgosas.

Los anuncios de la gobernadora Lucía Corpacci son una señal concreta de solidaridad con los usuarios agobiados y, sobre todo, de sensatez. No se trata de instinto de conservación electoral: las políticas nacionales son nocivas para la actividad económica, más aún en el interior. La asistencia de los Estados provinciales es indispensable.

El margen de la oposición para aprovechar el enardecimiento de la gente por la tarifa energética se reduce. 
Con addenda o sin addenda, el que aumentó la luz y desertó de los subsidios fue el Gobierno nacional. La Provincia se habrá demorado pero finalmente hace el esfuerzo fiscal y asume el costo que tal deserción tiene en el bolsillo de los usuarios, se verá en qué medida con las próximas facturas y cuando se complete el reempadronamiento de la tarifa social. 

CAJONES

El sismo tarifario vino bien para recordarle a más de un oficialista lo inconveniente de contar los cabritos antes de la parición.

Para el Gobierno es una suerte que el problema le reventara en la primera cuota del tarifazo y no en la segunda o tercera, con las urnas encima.

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