EDITORIAL

Precarizados e imprescindibles

jueves, 14 de marzo de 2019 · 04:36

El problema de los trabajadores precarizados parece no tener solución a la vista en el actual contexto de crisis económica. Las dos partes en conflicto esgrimen argumentos razonables, y por esa razón la confrontación resulta infructuosa. Al reclamo sensato de los trabajadores por estabilidad laboral se le opone un rechazo, también fundado en la razonabilidad, de las autoridades responsables de decidir sobre la petición.

Las autoridades basan su oposición a los nombramientos en cuestiones presupuestarias. Es algo lógico: pasar a planta a los miles de empleados precarizados en los municipios y la Provincia implicaría una erogación imposible de afrontar. A este argumento, sin embargo, los que aspiran a lograr la planta permanente lo refutan con otro que sostiene que las bajas por jubilación o por fallecimiento no se cubren, o se cubren con personas allegadas a las autoridades, que ingresan directamente como empleados formales sin que hayan pasado por el estadio de la precarización. Es posible, pero no conviene generalizar y sí analizar caso por caso.

Prácticamente no hay área oficial, tanto en el gobierno provincial como en los municipios, que no tenga empleados trabajando en condiciones de precariedad desde hace muchos años. Quienes se encuentran en esta situación, además de no tener garantías de estabilidad laboral, cobran menos que los trabajadores de planta permanente y no tienen ni obra social, ni aportes jubilatorios ni seguro por riesgo de trabajo.

No todos los precarizados se encuentran en las mismas condiciones laborales. Los hay becados y beneficiarios de planes pero también quienes tienen contratos de locación de obra. Estos últimos, por ser monotributistas, sí poseen obra social y aportes jubilatorios aunque no estabilidad laboral. Y en algunos casos son precarizados VIP, con haberes mensuales que multiplican varias veces el salario de un trabajador de la categoría más baja del escalafón.

Los que vienen reclamando con medidas de fuerza y protestas son los beneficiarios de planes o becados, de áreas del gobierno provincial y también de los municipios, en particular el de la Capital, que se encuentran entre los que menos ingresos tienen. Pese a esta situación de desprotección el aporte que realizan es inestimable, aunque algunas voces irracionales y cargadas de discriminación los señalen como “planeros” o “vagos que quieren vivir de arriba”. Con el trabajo de ellos se sostienen infinidad de áreas; por eso, cuando realizan algún paro las actividades se resienten tanto. Son, se ven, imprescindibles.

Si las restricciones presupuestarias impiden en la actual coyuntura dignificar el trabajo de los precarizados, otorgándoles estabilidad y mejores condiciones laborales, al menos las autoridades deberían otorgarles prioridad para la planta permanente cuando se generen vacantes en vez de anteponer los compromisos políticos o personales.

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