CARA Y CRUZ

Hambre descuidado

viernes, 08 de febrero de 2019 · 04:04

Al Ministerio de Desarrollo Social de la Provincia se le están escapando los indicadores de pobreza en las zonas más pobres de la Capital. No porque no tenga recursos ni programas específicos para atender las necesidades, sino porque no ha reaccionado a tiempo frente al incremento de la miseria que está produciendo el actual sistema económico en el país.

Ayer este diario dio cuenta de una situación puntual que se produjo en el barrio Virgen Niña, uno de los más carenciados de la periferia capitalina, donde una mujer, Cristina López, se da maña, con su tiempo y con la solidaridad de algunos vecinos, para dar de comer a unos 15 chicos que la visitan en su casa regularmente en busca de algo para mitigar el hambre crónico que viven con sus familias. 

Desde hace dos años que puso en marcha una olla popular que funciona al menos dos veces por semana. Y cuando no consigue alimentos para un almuerzo, prepara una merienda. Pero con el flagelo de la inflación y la carencia de recursos, se vio forzada a guardar la olla. Por estos días, dijo haber visto niños merodear en la basura en busca de comida. “Lo que para otros es basura, para ellos es comida”, razonó Cristina. 

Por fortuna, ayer, tras la publicación de esta situación, algunas personas se pusieron en contacto con Cristina y le acercaron alimentos, y así pudo usar la olla nuevamente y les dio un almuerzo a los chicos. Como no tiene suficiente lugar en su casa, les repartió un guiso en los recipientes que llevaron. Fue un día feliz entre tantos días de angustia y hambre. 

El caso del Virgen Niña representa, ni más ni menos, un enclave de pobreza extrema. Es evidente que los brazos de Desarrollo Social no están alcanzando a estos sectores que sufren más que otros la crisis económica. 

En respuesta a una consulta de este diario por tal escenario, la directora provincial de Políticas Alimentarias, Inés Barros, tuvo que admitir su desconocimiento de la realidad en ese sector del sur. Apuntó que hay 15 comedores, con distintas modalidades, distribuidos entre los barrios San Antonio, Santa Marta y Riberas del Valle, pero ninguno donde aquella vecina dijo haber sido testigo del creciente merodeo de niños en los contenedores de residuos. 

El Virgen Niña, sirve subrayarlo, no es un barrio reciente. Y desde siempre sobresalió por sus calles anegadas en los días de lluvia, por los tolderíos a la vuelta y por un componente social ostensiblemente pobre e indigente. Resulta extraño, por lo tanto, que no esté incluido en el mapa de las necesidades del organismo provincial. 

No obstante, Barros reconoció que la demanda social es mayor, como correlato de que “la necesidad se está incrementando, eso es una realidad”. “Y tenemos el compromiso de atender todas”, dijo. 

“Si existen problemas los vamos a resolver. Pudo suceder alguna desorganización, la zona sur es muy amplia. Pero sabemos que pronto el comedor de la hermana Jimena (Herrera) volverá a funcionar”, aseguró la funcionaria. 


Triste consuelo el de Barros. La religiosa dejó a un lado las tareas al frente del comedor durante su mandato como concejala capitalina. Quizás fue entonces cuando la hambruna se expandió en el sur sin que la cartera social se ocupara de cubrir el bache. Será mejor que Jimena se apure en abrir las puertas antes de que la miseria crezca a niveles inmanejables.  

Pero Barros, quien fue llevada a Desarrollo Social por su hermano, Daniel Barros, cuando asumió como ministro, y continuó allí luego de que él se mudara al directorio de YMAD, tiene más compromisos que atender que el hambre en el sur.

De hecho, ayer María Rivero, encargada del Comedor Gauchito Gil, que funciona en el norte de la ciudad, se encadenó en Casa de Gobierno en reclamo de asistencia oficial para alimentar a medio centenar de niños que asisten regularmente a ese lugar. 

No es habitual que la gente que atiende estos comedores deba recurrir a protestas tan humillantes para hacerse oír. El letargo en Desarrollo Social está a la vista.n

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