EDITORIAL

La culpa no es de los vecinos

lunes, 11 de febrero de 2019 · 04:03

Cada vez que alguna lluvia de gran intensidad inunda las calles de la ciudad capital, provocando importante perjuicios a viviendas de los sectores más vulnerables a este tipo de emergencias, los funcionarios municipales se apresuran en culpar a los vecinos, que construyeron sus viviendas en lugares no aptos porque son terrenos excesivamente bajos o porciones de cauces de cursos de agua.
La historia se repite ante cada precipitación desde hace muchos años y varias gestiones, y este fin de semana no fue la excepción. Funcionarios capitalinos dialogaron con vecinos del barrio Villa Parque Norte que el sábado habían cortado la avenida Virgen del Valle para reclamar soluciones “urgentes” a los problemas que se generan cada vez que llueve.

El secretario de Obras Públicas de la comuna, Eduardo Niéderle, dijo que muchos de los problemas se originan porque hay viviendas privadas construidas sobre cauces de arroyos. No es la primera vez, y tal vez no sea la última, que a la hora de enfrentar las críticas por problemas urbanos, Niéderle, en vez de asumir las culpas que le caben al Estado, termina echándoles la culpa a los vecinos. 

La construcción de viviendas, y de barrios enteros en lugares no aptos para la construcción es una realidad. Pero achacarles responsabilidad exclusiva a los vecinos, que a veces levantan una pieza donde pueden y como pueden, es un exceso que no debe admitirse. La responsabilidad principal de estas construcciones irregulares, a las que además se les brinda los servicios de agua corriente y energía eléctrica sin cuestionar el lugar en el que están asentados, es del Estado, que debería controlar que esto no suceda y esforzarse en encontrar soluciones habitacionales en lugares adecuados para las familias que las necesitan.

El municipio es el nivel de gobierno que tiene una vinculación más directa –es decir, con menos intermediarios- con la realidad de los vecinos que habitan la ciudad. Sus funcionarios y trabajadores transitan a diario las calles y los barrios y no pueden argumentar desconocimiento de lo que sucede en el ejido urbano. Mucho menos si lo que suceden son hechos anómalos, como la construcción de viviendas en terrenos inundables.

En rigor, lo que sucede es que tanto el municipio como otros organismos estatales que actúan en el territorio de la ciudad no solo le hacen la vista gorda a estas irregularidades, sino que además contribuyen a qué estas se produzcan, pues las terminan legitimando al brindarle, por ejemplo, los servicios. Pero cuando las lluvias arrecian y las viviendas se inundan, otra vez la culpa es de los vecinos.

Con barrios enteros construidos en terrenos no aptos por imprudencia vecinal, pero sobre todo por negligencia estatal, la alternativa que queda es ejecutar obras costosísimas para evitar los problemas recurrentes de cada tormenta. Hacia el futuro, lo que corresponde es que, en base a planificaciones urbanas estratégicas, se ejerzan las tareas de control necesarias para evitar que se sigan erigiendo construcciones en lugares que, más temprano que tarde, estarán tapados por el agua.n

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