EDITORIAL

Inaceptable y cruel paradoja

lunes, 9 de diciembre de 2019 · 02:03

Una ley aprobada la semana pasada por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires parece, en principio, de interés exclusivo del cliente de restaurantes, pero en rigor resulta útil para reflexionar respecto de un problema de envergadura mundial, tal vez uno de los más importantes, al punto de que si se lograra una solución global, el drama del hambre, que afecta a miles de millones de personas, prácticamente desaparecería.

La ley promueve la entrega de los alimentos que sobraron del consumo a los clientes, con la finalidad de reducir el desperdicio de alimentos. En su articulado obliga a los comercios que expenden comida en esa ciudad a entregar a sus clientes los alimentos pagados y no consumidos.

Además, la iniciativa obliga al Poder Ejecutivo a lanzar una campaña de difusión para concientizar que “el alimento no se debe desperdiciar y que éste es un compromiso que debemos asumir todos”.

El tema de fondo es el desperdicio de alimentos por distintos motivos, la mayoría de ellos solucionable con estrategias orientadas a tal fin. De acuerdo con datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y Agricultura (FAO), cada año se tiran 1.300 millones de toneladas de alimentos comestibles.

En la Argentina, esa cifra alcanza los 16 millones de toneladas de alimentos por año, lo que representa más del doce por ciento de todos los alimentos que se producen en el país. Para graficar mejor lo absurdo de la situación, es posible decir que en un país donde existen más de tres millones y medios de personas en la indigencia, con serios problemas nutricionales, cada argentino tira en promedio 38 kilos de alimento en buen estado por año.

Los modos en que se desperdician los alimentos son múltiples, la gran mayoría de ellos prevenibles: productos que se desechan en la tarea de clasificación de calidad; alimentos que se vencen; comida que se descarta en los establecimientos de comidas pero también en las cocinas domésticas; productos que se caen de los vehículos que los transportan…

En general, los alimentos se pierden o se desperdician en toda la cadena de suministro, desde la producción agrícola inicial hasta el consumo final de los hogares. Las consecuencias también son negativas en materia de utilización de otros recursos, que también se desaprovechan. Un alimento arrojado a la basura también es desperdicio de tierra, agua, semillas, energía y otros insumos que se utilizan en la producción.

La tarea para articular esfuerzos que eviten tirar alimentos es enorme, y la responsabilidad en el desafío incluye a gobiernos, organismos internacionales y actores de la cadena de producción y suministro de alimentos. Pero también a los consumidores, que tienen el mandato ético de modificar prácticas, costumbres y comportamientos que contribuyen, tal vez inconscientemente, a construir esa enorme, cruel e inaceptable paradoja de alimentos desperdiciados en un mundo con miles de millones de hambrientos.n
 

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