CARA Y CRUZ

El gesto de Fernández

lunes, 9 de diciembre de 2019 · 02:05

La visita y los elogios que le prodigó el presidente electo Alberto Fernández en vísperas de su asunción se suman a las excepcionalidades que jalonan la carrera de la gobernadora Lucía Corpacci.

Muy pocos líderes dejan el poder en las condiciones de la catamarqueña, arropados por el consenso social, a la cabeza de un movimiento monolítico y prácticamente ayuno de desertores, respetados por adversarios que no se atreven a incurrir en la descalificación personal ni a señalarle yerros. A la mayoría, reconocimientos tan extendidos suelen llegarles bastante más tarde, por lo general cuando ya han dejado de constituir una amenaza y el paso del tiempo habilita una evaluación de sus legados exenta de las pasiones propias de las reyertas por el poder. 

El caso de Raúl Alfonsín, cuyo nombre denomina el parque inaugurado el sábado con la presencia de Fernández, es paradigmático en tal sentido. El ex presidente recién accedió al procerato cuando la declinación de su incidencia tornó imposible que se articulara alguna alternativa competitiva alrededor de él. Vale decir: recién cuando reconocerle méritos dejó de equivaler a suministrarle instrumentos para que reentonara su gravitación en el terreno político, el “padre de la democracia” sepultó al promotor de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, obligado a entregar el mando antes de tiempo estragado por el desmadre económico.

El gesto de Fernández, que era funcionario de Alfonsín en aquellas turbulentas épocas, es muy significativo. 

En una agenda ultrarrecargada, se hizo espacio para un periplo de 24 horas en el que visitó El Rodeo y Las Juntas en tren tan distendido que hasta guitarreó, antes de celebrar a Corpacci y emparentarla con el ex presidente. 

“Ella fue un modelo de conducta, porque expresa en cada una de sus actitudes la democracia. Por eso en tu despedida vienen tantos catamarqueños a darte el aplauso que tanto te mereces, Lucía”, dijo el inminente Jefe de Estado. 

La despedida de lujo, redondita, perfecta, para Corpacci, completa su sentido político con la recepción presidencial para Raúl Jalil, que asume hoy. 

Fernández eligió Catamarca para enviar una señal al “norte argentino, tan maltratado y olvidado”, por empezar, pero además pernoctó en la casa del gobernador electo antes de encarar el intenso sábado, y junto a él y Corpacci fue a El Rodeo y Las Juntas, donde participó de actividades despojadas de protocolo que organizaron los intendentes Armando Seco y Jorge Herrera. Tamaña exhibición de intimidad y camaradería es un espaldarazo muy importante.

Si se considera la importancia que Fernández asigna en su prédica a la necesidad de clausurar grietas y avanzar en la calidad institucional, Corpacci y Jalil son protagonistas de un proceso ideal para contraponer al discurso que identifica al peronismo con el atropello y la barbarie. La transición no pudo haber sido más armónica y, sobre todo, Corpacci desistió de aprovechar la cláusula constitucional de la reelección indefinida cuando nada le impedía hacerlo. 

La alternancia en Catamarca es producto de la voluntad de la Gobernadora, no del sistema. La Provincia que se ha cansado de ganar titulares nacionales por los escándalos, en esta oportunidad expone un episodio ejemplar en términos de calidad democrática. Un caso para que el peronismo le enrostre al gorilaje que se regodea en tildarlo de autoritario, manipulador y abusivo, perpetrado nada menos que en un distrito de ese interior que la civilización descalifica como feudal.

Con el respaldo presidencial inequívoco del Presidente en la largada, Jalil jura hoy y se apresta a desencadenar el proceso tendiente a reformar la Constitución que Corpacci intentó infructuosamente. 

La continuidad en el cambio, nítida en la senda de afianzar el sistema republicano. Por algo vino el Presidente.n

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