EDITORIAL

Gabinetes con disparidad de género

domingo, 8 de diciembre de 2019 · 02:03

La conformación del gabinete de Alberto Fernández ofrece abundante material para el análisis. Respecto, por ejemplo, del perfil de sus integrantes, sus antecedentes, su pensamiento acerca del modelo de país que imaginan en el ámbito de su competencia. De todos modos, se trata de análisis preliminares, que tienen un valor limitado. Habrá que ver, en definitiva, cómo es el desempeño que tienen en la actividad pública a partir del inicio de la gestión. A fin de cuentas, a lo largo de las últimas décadas los argentinos han asistido a estruendosos fracasos de funcionarios con antecedentes impecables y gestiones muy eficientes de otros con currículos de un par de páginas.

Una mirada con perspectiva de género permite constatar que son pocas las mujeres, apenas 4 sobre 21, aunque si se incluye en el conteo a los organismos descentralizados la participación femenina se incrementa. De todos modos, representa un avance hacia la equidad si se establecen comparaciones con el gobierno que se va, que en toda su gestión tuvo 30 ministros, de los cuales solo 3 fueron mujeres: Susana Malcorra, que duró apenas un año y medio; Patricia Bullrich y Carolina Stanley.

En Catamarca, el gabinete de ministros de Raúl Jalil tendrá un perfil parecido, con apenas 3 mujeres. Continuará, en ese sentido, con la tónica de predominio masculino del gobierno de Lucía Corpacci. A nivel municipal, en cambio, Gustavo Saadi ha conformado un gabinete equitativo en materia de género. 

Se sabe que no hay, ni a nivel nacional ni provincial ni municipal, una normativa que establezca el cupo femenino en la conformación de los equipos que forman parte del Poder Ejecutivo. Los funcionarios son elegidos por el presidente de la Nación, los gobernadores o los intendentes. Llama la atención, entonces, la disparidad de la representación de género.

Si se admite, como es lógico, que los hombres, por el solo hecho de serlo, no son ni más capaces ni más preparados que las mujeres para asumir funciones clave de gobierno, se debe concluir entonces que pese a los evidentes avances que se advierten en la participación femenina en los roles de conducción en el sector público, resta aún mucho camino por transitar para que se les reconozca el lugar que merecen.

En el Poder Legislativo la paridad se ha logrado a través de la imposición de las leyes. No es, tal vez, el mejor camino, pero sí el que resultó necesario en una determinada coyuntura política. A partir de las leyes de cupo, los parlamentos, en los distintos niveles de gobierno, han enriquecido las perspectivas de análisis de la realidad y mejorado la calidad de los debates. No hay dudas al respecto. El aprendizaje que resulta de estos aportes debería ser asimilado también por los que han sido elegidos por el pueblo para conducir los destinos del país, las provincias y los municipios.

Llegará el día en que la paridad de género en los gabinetes no sea motivo de debate, sino una consecuencia natural de la selección de los mejores para los puestos de gobierno.n

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