EL MIRADOR POLÍTICO

El legado y el desafío

domingo, 8 de diciembre de 2019 · 02:04

La intensidad del intercambio de elogios entre Lucía Corpacci, Raúl Jalil y Gustavo Saadi difumina los alcances del cambio en el que se introduce la provincia. 

Es lógico, porque al hecho de que los tres protagonistas principales del proceso formen en la misma facción se suma una anomalía: Corpacci desistió de competir por un tercer mandato para el que estaba inmejorablemente posicionada y habilitada constitucionalmente. 

Que un político desista de continuar en el poder sin que ningún factor lo amenace es un fenómeno como mínimo extraño. Corpacci eximió a Jalil y a Saadi de las ingratitudes de intentar el parricidio, matricidio en su caso, para suplantarla. Lo habitual es que los líderes se retiren derrotados por adversarios externos o intestinos, o con los pies por delante. Lo que ha ocurrido en Catamarca es extraordinario y obliga a ajustar el enfoque para tratar de identificar las coordenadas de la política que viene.

Jalil y Saadi ganaron sus puestos sin potenciarse con un triunfo previo en la interna peronista. Méritos personales al margen, sus candidaturas fueron producto de una decisión unilateral de Corpacci, que prefirió emigrar al Congreso y bendecirlos. Es decir: gran parte de la legitimidad de ambos es delegada porque proviene de la Gobernadora, que es la dirigente con mejor imagen e intención de voto de la provincia y se repliega sin desgaste.

El ultracorpaccismo, alarmado por los efectos de la orfandad futura, intentó hasta el final que ella se postulara a la Gobernación, incluso que seleccionara como sucesor a alguien distinto. Lo mismo ocurrió con la candidatura de Saadi. Pero una vez que la decisión se confirmó, todos se sometieron sin objeciones.

De modo que cuando Jalil insiste en que Corpacci deja “la vara muy alta” no se refiere solo a la calidad de la gestión provincial. También, y quizás sobre todo, marca la magnitud de un liderazgo ante el que nadie osó rebelarse.

Varas

Corpacci deja un legado prácticamente sin fisuras en términos de reconocimiento popular. Cualquier lunar que pueda consignarse resulta insignificante frente a lo incontrastable de una provincia ordenada y sin conflictos de envergadura, aun cuando queden objetivos pendientes y hayan aparecido problemas nuevos, algunos muy graves. 

Tal legado es el que se convalidó en las urnas con cifras rotundas y su volumen desafía a Jalil, del mismo modo que la gestión de Jalil en la Capital interpela a Saadi. 

Ganada la elección, ambos tienen que construir y afianzar improntas distintivas. 

Deben demostrar que están a la altura de la herencia recibida, concepto que en su caso adquiere significado diferente al nacional. Macri le podía echar la culpa a Cristina Kirchner, Alberto Fernández a Macri, pero ni Jalil ni Saadi pueden renegar de lo que les dejan sin escupir para arriba.

En otras palabras: deben perfeccionar ya en ejercicio del mando, sin la cobertura de Corpacci, la legitimidad adquirida en las elecciones junto a Corpacci. O gracias a Corpacci, según el inquieto ultracorpaccismo huérfano. 
Implica empardar o mejorar lo hecho por su benefactora.

Las bases

La confección del gabinete de Jalil permite inferir los cimientos de esta construcción. 

En las negociaciones de la transición, el gobernador electo se allanó a la continuidad de varios ministros y secretarios de su inminente antecesora, pero reservó para su gente ocho de los 17 ministerios que suma el nuevo organigrama. Se trata del embrión del jalilismo paladar negro.

Gobierno, la cartera política, encargada de sintonizar relaciones con los intendentes y los poderes Legislativo y Judicial, estará a cargo de Jorge Moreno, cofundador de la Renovación Peronista desde la que Jalil empezó a consolidar su carrera. Las jinetas de Moreno como operador son inobjetables y su tarea pasará por fortalecer el entramado político del nuevo Gobernador para cubrir el vacío que deja la retirada de Corpacci. 

La creación de los ministerios de Planificación y Modernización, Inversión y Desarrollo y Ciencia e Innovación Tecnológica marca la jerarquización y unificación de tareas que estaban en segundo plano, dispersas en diferentes áreas. Las cubrirán respectivamente Aldo Sarquís, Susana Peralta y Eugenia Rosales, gente de estrecha confianza del mandatario. 

También discriminó Jalil para su propia tropa el manejo de obras públicas y servicios. Eduardo Niéderle, su secretario de Obras Públicas, será ministro de Infraestructura y Obras Civiles; Alberto Kosicki, que integró el equipo municipal jalilista desde los inicios, irá a Agua, Energía y Medio Ambiente. 

Cultura y Turismo se condensarán en una sola cartera, a cargo de Luis Maubecín. Seguridad pasa de Secretaría de Estado a Ministerio, bajo el control del ex secretario de Gobierno de la Municipalidad, Hernán Martel.

Sumado el resto, se advierte que la multiplicación de ministerios implica la concentración de tareas en manos de un solo ministro, diseño que tiende no solo a mejorar la coordinación, sino también a neutralizar el impacto en la gestión de las omnipresentes internas del funcionariato de segundo rango. Los ministros serán los responsables de que estas contiendas no lleguen al Gobernador y, obvio, responder ante él por eventuales desbordes.

No se lo dice, pero el esquema facilita también el control desde la cumbre para coartar –o estimular, si llega el caso- la propensión a utilizar las estructuras estatales en proyectos de posicionamiento político particulares. Será más arduo avanzar en emprendimientos de este tipo sin la venia del Gobernador a partir de mañana. 

Es notorio, de todos modos, el bajo perfil político de los miembros del incipiente jalilismo. Con excepción de Moreno, el resto se caracteriza más que nada por lo técnico, y si en algún momento sonaron o se postularon para cargos electivos fue porque Jalil los adelantó antes que por iniciativa propia.

En resumidas cuentas, la administración Jalil parece acentuar en la larga la planificación a mediano y largo plazo y la modernización de la estructura estatal. 

Habrá que esperar para evaluar resultados en estos aspectos con alguna exactitud, pero el Gobierno que debuta espera tener alegrías más temprano, con un gran golpe de efecto: en el plano institucional, la meta inmediata es avanzar rápidamente en el consenso para la reforma de la Constitución Provincial.n

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