CARA Y CRUZ

Oficio en el fin de ciclo

jueves, 5 de diciembre de 2019 · 02:02

Los litigios por las presidencias de los concejos deliberantes de la Capital y Valle Viejo, independientemente de sus resultados, muestran la sensación de fin de ciclo que empezó a cundir en el peronismo tras la salida de Lucía Corpacci.
La Gobernadora emigra al Congreso arropada por el cariño y el respeto de sus adherentes, con una imagen positiva inmejorable. Sin embargo, la política sigue y sus profesionales distan de cultivar el romanticismo nostálgico.
La mandataria declina como referencia. Es el turno de Raúl Jalil en la Provincia y Gustavo Saadi en San Fernando del Valle. Ambos enfrentan la necesidad de consolidar liderazgos, pues accedieron a sus puestos sobre todo porque ella renunció a postularse para un tercer mandato. Los actores políticos maniobran para establecer posiciones institucionales de cara a estas construcciones pendientes, en la largada oficial del poscorpaccismo.


El trauma de Valle Viejo condensa los escenarios de modo caricaturesco por su intensidad. Susana Zenteno asumirá la Intendencia con el peronismo del distrito dividido, por muy ahijada de Corpacci que sea. Al votar la designación como juez de Faltas de Alejandro Jalile, sobrino del intendente saliente, Gustavo Roque Jalile, los concejales Alberto “Abeto” Barrionuevo y Walter Figueroa blanquearon una reyerta que hasta ese momento se habían ocupado de mantener asordinada. Barrionuevo se apresta a asumir mañana como presidente del Concejo Deliberante con los votos de sus pares radicales.
Zenteno necesitará algo más que las credenciales ultracorpaccistas para encausar la interna. Es lo que Barrionuevo le está avisando, con énfasis característico en ese reñidero que el “Gallo” Jalile deja irredento.


Si bien la contienda en el Concejo capitalino no tuvo de las fascinantes desmesuras chacareras, y finalmente se diluyó en un acuerdo, también obedeció a la intención de marcar presencia y peso en el inicio de la administración Saadi.
El grupo “Esperanza”, referenciado en el secretario de Vivienda Fidel Sáenz, que será ministro de Jalil, adelantó al concejal Mauricio Varela para competir con el presidente del cuerpo, Daniel Zelaya.
Saadi pidió que la disputa se dirimiera dentro del bloque, sin la participación del radicalismo, pero con la evolución del poroteo se hizo evidente que este ideal era muy difícil de alcanzar.
La bancada oficialista tiene diez miembros contando al barrionuevista Maximiliano Mascheroni. En un final ceñido, el voto de los opositores podía tornarse determinante.
Ayer se acordó que Zelaya continúe como presidente y Varela vaya como vice.


Final salomónico. “Esperanza”, única agrupación que como tal presentó precandidatos a concejales en todos los circuitos, contaba con tres votos de movida: Varela y los ingresantes Francisco Sosa y Gustavo Frías.
No hay otro sector del peronismo en condiciones similares. Es un dato significativo que le alcanzará con anunciar sus pretensiones y comenzar la rosca para que se le diera la visibilidad que buscaba. Si bien no obtuvo la Presidencia, demostró gravitación suficiente para precipitar las tratativas. Aparte de la Vicepresidencia, se quedará con la titularidad de comisiones importantes.
Saadi, que mantiene una estrecha sintonía con Sáenz, gestionó por su parte para que se reconociera esta gravitación sin desairar al resto de los concejales y se curó en salud. Dejar librada a su propia dinámica la disputa en el Concejo suponía el riesgo de una fractura en el oficialismo antes de su asunción.
Cuestión de oficio. Zenteno, en cambio, no supo anticipar el escándalo chacarero.

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