CARA Y CRUZ

Tras los pasos de Prieto

miércoles, 4 de diciembre de 2019 · 02:05

El contador Julio Prieto fue el primer director designado por la gobernadora Lucía Corpacci para la Obra Social de los Empleados Públicos (OSEP) en 2011. Había sido su secretario administrativo en el Senado cuando ella fue vicegobernadora; de allí la confianza que le tenía. Pero no es lo mismo administrar la estructura política que rodea a 16 senadores que la obra social más grande de la provincia, lo que además supone un nivel de alta exposición pública.
Prieto se fue de OSEP rodeado de problemas y en la mira de propios y extraños por las sospechas de irregularidades en el circuito administrativo entre el organismo y los prestadores. De hecho, a poco de haber dejado el cargo, admitió en una entrevista en Radio Ancasti que había un sistema paralelo de “órdenes truchas”, es decir, que eran más las órdenes médicas que OSEP pagaba a los prestadores que las que efectivamente emitía. O sea, un claro perjuicio económico al Estado. 
Por haber reconocido tal circuito corrupto que, por cierto, no logró desarticular, Prieto se hizo acreedor a una denuncia penal de los diputados de la oposición y luego a una investigación de la Justicia, que terminó con su imputación por encubrimiento e incumplimiento de los deberes de funcionario público. 
Para la Justicia, el ex funcionario incumplió obligaciones propias al conocer que ocurrían presuntas irregularidades en la venta de órdenes y no realizó denuncia ni actuaciones para establecer si alguien cometía un delito o no.
La causa de Prieto fue elevada a juicio en 2015, pero hasta el momento se encuentra a la espera de fecha para el debate oral y público, como tantos otros expedientes sobre los delitos contra la administración pública que duermen en los cajones de Tribunales. 


En los últimos días al frente de OSEP, Julio Cabur se ha ubicado en un lugar muy parecido al que ocupó su antecesor Prieto en materia de mala administración. Porque reconoció que la obra social paga “sobrederivaciones” de afiliados a otras provincias.
Dijo Cabur hace unos días a Radio Ancasti: “Todo el mundo sabe que en diciembre y enero restringimos las derivaciones. El paciente, no digo todos, a veces es un agente pícaro, pide derivación para ir a pasar con la familia en Córdoba y tiene la complicidad del médico que le da la historia clínica. Muchas veces nuestro médico auditor está presionado por la familia y lo autoriza", admitió.
Y si bien aclaró que hace cinco años OSEP empezó a restringir las derivaciones en diciembre, “ahora hacen aprobar (el trámite) en noviembre. Ahí es donde tenemos que trabajar para ver si es necesario o no", dijo muy suelto de cuerpo. Más aún, indicó que se detectó un incremento de las derivaciones de pacientes en el interior, donde no hay médicos especialistas, y “allí ya no podemos hacer nada”, confesó. “El tema de las derivaciones es duro. Ha disminuido, y aún así tenemos una sobrederivación. Pero aquí somos culpables", expresó.


Cabur debería explicar por qué razón consistió que médicos auditores de OSEP autoricen derivaciones que no corresponden, “presionados por la familia” de los pacientes. Porque se supone que un simple repaso de esos trámites permitiría identificar al auditor que avaló tal anomalía. Incluso eso debiera saltar a la vista por el propio sistema informático. Tan rigurosos son los auditores con el cupo de análisis –hasta 5- que piden los médicos a los pacientes, y sin embargo permiten como si nada derivaciones a otra jurisdicción que cuestan 10 o 20 veces más. 
En otras palabras, Cabur reconoce que la obra social a su cargo dio curso a trámites irregulares y ni siquiera ordenó hacer una auditoría,  un sumario o incluso dar intervención a la Justicia, ya que antes del auditor que autoriza está el profesional que firma el meneado pedido de derivación a sabiendas que no corresponde. 
Se equivoca Cabur al afirmar que “todos somos culpables”. Su responsabilidad es administrar en forma idónea y honesta los aportes de los afiliados. Eso implica gestionar los recursos con eficiencia y no permitir desvíos. 
Como Prieto en su momento, Cabur admite la existencia de un circuito perverso que no pudo desbaratar. En todo caso, él es el primer culpable.n

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