CARA Y CRUZ

Ahora viento en popa

martes, 3 de diciembre de 2019 · 02:05

Quizás la historia sea más generosa con Raúl Jalil que con Lucía Corpacci en materia de transformaciones institucionales. Porque el próximo martes 10 ella dejará el sillón de Casa de Gobierno sin haber alcanzado uno de sus grandes sueños: reformar la Constitución de la Provincia. 
En sus 8 años de gobierno, Corpacci no dejó de insistir en ninguno de ellos acerca de la necesidad de que Catamarca pudiera contar con una Carta Magna a tono con los tiempos que corren. Lo hizo tanto en las asambleas legislativas como en los actos políticos y declaraciones periodísticas. 

Habló de eliminar los privilegios de la política y de los jueces, acotar los mandatos de los cargos ejecutivos, reducir el gasto político, garantizar previsibilidad electoral e incorporar nuevos derechos sociales, entre algunos de los principales puntos del proyecto de reforma enviado a la Legislatura.
Sin embargo, nunca pudo torcer la voluntad de la oposición en la Cámara de Diputados, que se negó a darle el guiño para avanzar en la enmienda. En los años electorales, el argumento era precisamente que no se podía tratar un tema de esa envergadura en medio de una pulseada por el poder político, porque quedaría contaminado por cuestiones coyunturales. Y en los años sin elecciones, directamente retaceaba el quórum o alegaba que la reforma precisaba un consenso amplio desde el origen, es decir, en la redacción del proyecto en sí. 
En suma, siempre hubo un motivo para mantener el “statu quo”. El Frente Cívico y Social primero y Cambiemos después había decidido no darle a Corpacci su anhelada reforma. 

Pero ahora soplan nuevos vientos. Jalil, quien viene insistiendo desde antes de ser candidato a gobernador acerca de la necesidad de reformar la Constitución, podría tener otra suerte. 
Su ex contendiente en los comicios de octubre y presidente del Comité Capital de la UCR, Roberto Gómez, dijo estar de acuerdo en que se reforme la Constitución, pero debería ser en el “marco de un acuerdo entre todos los partidos políticos” y que el Gobierno los convoque a “debatir sobre el proyecto”, para que “no sea algo impuesto”. 

Y además comentó que dirigentes y militantes de esa fuerza coincidieron en modificar la ley electoral provincial y eliminar las PASO, por cuanto implican un “alto costo para los partidos políticos y para los gobiernos”. “Los ciudadanos lo consideran incorrecto y estamos todos de acuerdo en la necesidad de reducir el gasto político", agregó.
Más allá del gasto, lo que las PASO demostraron es que resultan inútiles cuando no hay competencia entre sectores internos y que funcionan más como test preelectoral; más aún, que, como sucedió en el país en agosto, prefiguran nuevos gobiernos antes de haber sido electos. 

Aunque menos enfático que Gómez, el diputado del Fapra Francisco Monti también reconoció su vocación “reformista”, pero opinó que en este tema los bloques de la oposición deben adoptar “una postura clara”. 
Y finalmente la diputada Marita Colombo, enrolada en el oficialismo partidario de la UCR, se manifestó a favor de una reforma que respete “consensos básicos”; dijo que están dispuestos a dialogar con Jalil, pero que es muy probable que la oposición presente su propia propuesta de reforma.

A diferencia de la gestión que finaliza, Jalil asumirá con una mayoría decisiva en las cámaras. En el Senado seguirá conservando los dos tercios y en Diputados tiene aseguradas 22 de las 41 bancas, con la posibilidad de actuar en sintonía con “aliados” de Consenso Federal –tres bancas-. Mientras que el inter bloque opositor suma 16 escaños y va camino a funcionar con tres bancadas distintas. 
Es decir, el oficialismo se encontrará a partir del 10 de diciembre con un escenario legislativo que presenta mejores condiciones políticas para negociar acuerdos sobre leyes claves. 
La repentina apertura de la oposición en torno a la reforma constitucional revela un reconocimiento de su propia debilidad para anteponer condiciones. 

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