EDITORIAL

Adaptabilidad narco

martes, 3 de diciembre de 2019 · 02:01

Las estrategias delictivas, sobre todo en lo que respecta al narcotráfico, tienen una gran capacidad de adaptabilidad. Si la eficacia de algunos procedimientos complica el tráfico de determinadas drogas, las bandas que operan en este mercado ilegal optan por recurrir a otros tipos de sustancias, con otros modos de comercialización y una organización diferente en la distribución.
Tal lo que ha sucedido en Catamarca en los últimos meses. Las dificultades que las organizaciones narcos han encontrado para el tráfico de las drogas tradicionales, como la marihuana y la cocaína, provocaron un cambio en el “modelo de negocio”. La irrupción de los psicofármacos como sustancia de alta circulación en el mercado negro de las drogas lo corrobora. 

A diferencias de las otras sustancias, los psicofármacos no son drogas ilegales. Pero son de venta muy restringida, en función de prescripciones médicas muy puntuales, con dosis estrictamente controladas. Pero pese a estas restricciones, circulan cada vez más en Catamarca entre los jóvenes, adolescentes e incluso niños.
La semana pasada las fuerzas de seguridad realizaron dos procedimientos que tuvieron como resultado el secuestro de más de 10.000 unidades de psicofármacos. Uno de los operativos lo ejecutó Gendarmería Nacional en la Terminal de Ómnibus de esta ciudad. El otro, en la ruta nacional 38, a la altura de la localidad de La Merced, en el departamento Paclín.

Lo que no se ha podido determinar fehacientemente es el origen de las pastillas. La venta en farmacias está, según el Colegio de Farmacéuticos de la provincia, debidamente controlado por el Ministerio de Salud, que debe supervisar que la venta sea solamente con receta que se archiva. Deberían los organismos de control poner más énfasis en determinar la validez de esas recetas, considerando que se han conocido casos de sellos o firmas falsificadas. 

Un dato adicional es que el consumo de pastillas, que por lo general es muy abusivo y mezclado con alcohol, tiene efectos muy nocivos para el consumidor, y además es utilizado por sujetos que se mueven al margen de la ley para delinquir. Las personas que consumen determinados psicofármacos se tornan más agresivas, y los desenlaces de estos ilícitos suelen tener un gran componente de violencia, en el que resultan con daños físicos los victimarios, las víctimas e incluso los integrantes de las fuerzas de seguridad.

A la adaptabilidad de las bandas al diseño y ejecución de nuevas modalidades delictivas por razones de necesidad, debe oponérsele, por parte del Estado y como contrapartida, renovadas estrategias para combatirlas.
Tanto la Justicia y las fuerzas de seguridad como las áreas más vinculadas a la Salud pública que deben controlar la venta ilegal de los psicofármacos, deberán esforzarse para dar respuestas eficaces al desafío de restringir la expansión de este nuevo negocio al que las organizaciones delictivas se han adaptado rápidamente.

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