EDITORIAL

El desafío de Saadi

lunes, 2 de diciembre de 2019 · 02:15

Todo gobernante que asume el cargo para el que fue electo por voluntad popular tiene como uno de sus desafíos prioritarios continuar las obras o acciones inconclusas de su antecesor. Pero, también, asumir iniciativas no contempladas en los planes de gobierno hasta el momento, obras desechadas en su ejecución por las planificaciones anteriores, no incluidas aun en los presupuestos anuales.

El intendente electo de San Fernando del Valle de Catamarca, Gustavo Saadi, deberá tener en cuenta, en consecuencia, nuevos proyectos de construcción, mejoramientos o remodelación de obras relacionadas con la infraestructura urbana.

El intendente saliente, Raúl Jalil, que asumirá al Gobierno de la provincia, encontró en 2011 una ciudad que había crecido en equipamiento e infraestructura de los sectores periféricos, tal el perfil de la gestión llevada adelante por Ricardo Guzmán en los ocho años anteriores. Jalil, por su parte, desarrolló, en materia de obras públicas, una estrategia de embellecimiento de espacios públicos emblemáticos: la plaza 25 de Mayo y su entorno, con la peatonalización de arterias del micro centro; el Paseo General Navarro; la plaza Virgen del Valle; o la puesta en valor de zonas urbanas del Oeste de la ciudad, habitadas por sectores de un poder adquisitivo superior al promedio.

Saadi tendrá que continuar, con las limitaciones presupuestarias lógicas de una economía nacional en crisis que repercute negativamente en las finanzas provinciales y municipales, con el proceso de embellecimiento de algunos espacios públicos también emblemáticos, aunque no tan centrales, que se encuentran bastantes descuidados. En estos días de festividades marianas cobran importancia particular dos de ellos, porque se encuentran en el corredor que va del centro de la ciudad a la Gruta de la Virgen del Valle: la plaza del Maestro y la Juan Pablo II.

Ambos paseos presentan aspectos que evidencian un claro deterioro, resultante de la casi nula inversión pública destinada a mejoras o incluso al mantenimiento en los últimos años. La Juan Pablo II, conocida popularmente como la Plaza de Choya, está frente al templo de Nuestro Señor de los Milagros de Choya, que tiene más de 200 años y que ha sido declarado monumento histórico provincial. Las quejas de los vecinos son reiteradas: el mantenimiento es prácticamente inexistente, los arreglos superficiales solo se hacen en los días previos a la tradicional Fiesta de la Empanada, durante el mes de julio, y en el último lustro solo tuvo, como reforma estructural, la reconversión de sus luminarias.

La mención de las dos plazas debe ser tomada apenas como ejemplos. En los barrios, sobre todo en los más alejados del centro de la ciudad, hay mucho trabajo para hacer. Es, tal vez, el momento justo para que las nuevas autoridades municipales fijen otra vez su atención en las plazas olvidadas y el paisaje urbano de los sectores periféricos.

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