Cara y Cruz

Temprano nomás Gordillo

No deja de ser una suerte para el Gobierno debutante que el ministro de Educación Francisco Gordillo...
lunes, 16 de diciembre de 2019 · 02:10

No deja de ser una suerte para el Gobierno debutante que el ministro de Educación Francisco Gordillo, con el encumbramiento del ultramontano Rubén Martí al frente de la Dirección de Educación Privada, haya expuesto su competencia para la generación de escándalos en la largada nomás. 
La administración anterior no tuvo tanta fortuna.  Casi un año le llevó advertir las virtudes del intendente vitalicio de Pomán, al costo de quedar en medio de los entuertos detonados por la llamada Narcodenuncia, nunca esclarecida del todo. 
Gordillo era ministro de Gobierno cuando la policía interceptó un cargamento de 90 kilos de marihuana cerca del puesto caminero de El Portezuelo. 
En el operativo fue detenido Pablo Dante Tello, que venía al mando de un automóvil que transportaba la droga desde Corrientes, pero lograron escapar, a pata por medio del monte, Ariel Alaniz y un tercer sujeto, tras abandonar la caminoneta 4x4 en la que se trasladaban, que luego resultó estar registrada a nombre de Gordillo. 
En una ampliación de su indagatoria, Tello aseguró que Alaniz, capturado finalmente un año y medio después, lo había contratado para hacer el viaje a Corrientes y le había dicho que trasladaban bebidas para un boliche de Pomán, propiedad del por entonces ministro. 
Ambos reos fueron condenados por narcotráfico, pero la Justicia nunca determinó quién estaba detrás del cargamento ni quedó clara la naturaleza del vínculo que Gordillo tenía con Alaniz y Tello. 
Aunque las repercusiones del caso fueron muy fuertes, el desplazamiento de Gordillo de la cartera de Gobierno se demoró hasta 2013. 
El intendente estuvo un breve período al frente de Desarrollo Social y luego volvió a la intendencia de Pomán, donde un perfil más bajo le suministró, a él y al oficialismo, la tranquilidad de no protagonizar episodios tan onerosos desde el punto de vista político.
Pese al precedente, la nueva administración decidió darle una nueva oportunidad y lo puso a cargo del Ministerio de Educación. 
La tercera es la vencida, se habrá supuesto. Fue un desastre en Gobierno con la frutilla del postre de la Narcodenuncia, en Desarrollo Social fracasó sin atenuantes; capaz que, como es docente, lo suyo fuera el área educativa.
Pero al que nace barrigón, es al ñudo que lo fajen. Ni asentó las posaderas en la poltrona y ya le sacudió el nombramiento de Martí, como para que sus benefactores no vayan a creer que la experiencia lo ha hecho desistir de las luminarias.
El flamante director de Educación Privada es un personaje reconocido por su fanática resistencia cualquier cosa que huela a laico. Enfático opositor de la despenalización del aborto y la Educación Sexual Integral, llegó a plantear la excomunión de los legisladores nacionales que votaran a favor de la ley de aborto durante las épicas jornadas en las que acaudillaba manifestaciones contra la norma en compañía del obispo. Torquemada era un tímido monaguillo en comparación.
A esta marcada tendencia medieval, suficiente para garantizarle al Gobierno erosiones de lo más demoledoras en términos de consenso, se le añade su condición de vocero protagónico de los intereses de la educación privada confesional. Apoderado del Colegio Quintana, hasta horas antes de que Gordillo lo convocara anduvo reclamando públicamente por los límites al precio de las inscripciones y reservas de matrículas que la gestión anterior impuso, atenta al agobio de las economías familiares.
Vale decir que al nombramiento de Martí le entraba tierra por todos lados. Es inverosímil que Gordillo desconociera las consecuencias que tendría. 
La oposición, a través de la diputada Natalia Saseta, planteó su repudio; ayer se sumaron los diputados oficialistas Adriana Díaz y Maximiliano Rivera, vicepresidente de la Cámara baja. Las aguerridas organizaciones feministas y dedicadas a la lucha de género están que se las pelan, listas para el combate.
Lindo frente de conflicto abrió Gordillo. Para no perder la costumbre. n

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