Editorial

Soñar no cuesta nada

La primera semana de gestión gubernamental encontró a la ciudad de San Fernando del Valle...
lunes, 16 de diciembre de 2019 · 02:09

La primera semana de gestión gubernamental encontró a la ciudad de San Fernando del Valle en una situación muy lejos de lo que sueñan los vecinos, pero también las propias autoridades. 

La crónica escasez de agua que es propia de una provincia con las características climáticas de las de Catamarca se sintió fuertemente en amplios sectores de la capital, especialmente en el Oeste y en el Sur, aunque también hubo reclamos vecinales en otras zonas, como en Banda de Varela, e incluso en el interior de la provincia, donde las carencias obedecen a causas estructurales que llevará años y grandes inversiones superar.

No han de invocar las autoridades, para explicar estas privaciones, razones vinculadas a la insuficiencia de lluvias: las precipitaciones este año han superado la media anual, y lo mismo viene sucediendo con años anteriores, por lo que se infiere que la acumulación de agua en las napas subterráneas, que es de donde se extrae un alto porcentaje para el consumo humano, permitiría un abastecimiento más o menos regular del líquido elemento. El caudal del río El Tala es escaso, pero es lo que habitualmente sucede en primavera. Recién con las lluvias más abundantes del verano se incrementa, permitiendo una mayor provisión para algunos sectores del sudoeste de la ciudad.

El problema principal se vincula con obras que están inconclusas, incluido un acueducto que llamativamente ya se inauguró, y otras intervenciones como reparaciones de bombas, cañerías o mantenimiento en general. 

El enojo –a veces llegando a los extremos de la furia- de los vecinos tiene fundamento: es muy difícil vivir días enteros sin agua potable, e incluso con el servicio restringido a unas pocas horas por jornada. No culpes a la lluvia, o a la falta de ella, culpa a la improvisación o la falta de planificación.

Los cortes de agua no son el único problema. La acumulación de basura en vastos sectores de la ciudad como consecuencia de un paro a esta altura verdaderamente insoportable e indefendible impulsado por el SOEM, genera, además de un olor nauseabundo, peligrosos focos infecciosos. 

Un aspecto seguramente menor, pero que también contribuye a afear la ciudad, es la presencia de afiches y carteles de la última campaña electoral. Ya pasaron casi dos meses de los comicios y los partidos políticos "se olvidaron" de retirarlos. La iniciativa del actual intendente capitalino, cuando era candidato, de no pintar paredes con consignas proselitistas sino con expresiones artísticas, fue muy beneficiosa para la estética urbana. Pero los afiches y carteles se pegaron igual. Y ahí están todavía, amarillentos y ajados, colgando de los postes o pegados a ellos.

Tal vez esta semana los capitalinos tengan buenas noticias: la provisión de agua se normalice, los dirigentes del SOEM entren en razones y la dirigencia partidaria decida retirar los afiches y carteles que pegaron hace dos meses. Total, soñar no cuesta nada. 

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