CARA Y CRUZ

Al borde de la provocación

sábado, 14 de diciembre de 2019 · 02:13

La confirmación de Rubén Martí al frente de la Dirección de Educación Privada del Ministerio de Educación linda con la provocación. 
Se trata de un enfático enemigo de la despenalización del aborto y la Educación Sexual Integral laica, promotor principalísimo y orador central de las manifestaciones acaudilladas el año pasado por el obispo Luis Urbanc para exigirle a los legisladores nacionales catamarqueños que votaran en contra del aborto legal, adherente fervoroso del combate contra lo que el clero ultramontano denomina “ideología de género” y vocero de la resistencia a limitar el costo de las matrículas que la cartera que ahora integra, en la administración anterior, impuso a las escuelas privadas. 
Más que un hombre ligado a la Iglesia, un agresivo militante de las posiciones eclesiásticas más retrógradas y extremas. 
Su incorporación cobra mayor proyección institucional en vísperas del reinicio de las tratativas para reformar la Constitución de la Provincia. En la primera intentona de enmienda, frustrada, la Iglesia asentó su negativa terminante a despojar al texto constitucional de componentes religiosos. Es decir: reafirmó su resistencia a cualquier profundización del laicismo.
En tal marco, apenas se conoció el ingreso a Casa de Gobierno de un hombre de inclinación tan marcadamente eclesiástica como Martí se dispararon las especulaciones sobre el significado del hecho y sus implicancias. 
Es inverosímil que Gordillo no considerara las polémicas que generaría su decisión, pues las objeciones de referentes y organizaciones vinculadas a la militancia de género comenzaron a circular en las redes sociales en cuanto trascendió la posibilidad.
Incluso si, como se supone, el nombramiento obedeció a planteos de la Iglesia, es difícil entender los motivos por los que Gordillo aceptó una figura de perfil tan alto y polémico, más aún cuando el Gobierno nacional, con el que el de la Provincia coincide, acaba de reponer el protocolo para la mefistofélica Interrupción Legal del Embarazo derogada por Mauricio Macri, y el presidente Alberto Fernández expresa posturas coincidentes con lo que para Urbanc es azufrada “ideología de género”.

En el debate por el aborto, que le dio a Martí su notoriedad, la política provincial se comportó en términos generales como aliada de la Iglesia. De los ocho legisladores nacionales catamarqueños solo dos, el senador Oscar Castillo y la entonces diputada nacional Verónica Mercado, se pronunciaron a favor de la legalización.
Esta expresión parlamentaria no refleja la situación social y política real. 
La discusión por la legalización del aborto y la ESI es álgida y hay posiciones encontradas dentro de  todas las fuerzas políticas, incluido el oficialismo provincial. Las diferencias no han sido tan poderosas como precipitar crisis o cismas, pero el debate arde.
¿Qué sentido tiene introducir un elemento tan controversial nada menos que en el ministerio encargado de la educación? Como si las paritarias docentes fueran poco…
También es arduo discriminar los motivos que llevaron a colocar precisamente como interlocutor oficial de los colegios privados al más caracterizado vocero de los intereses de la educación privada catamarqueña, rol que cumplió hasta la conclusión del gobierno de Lucía Corpacci.
Consideraciones ideológicas al margen, la designación de Martí, por lo que representa, mete una cuña innecesaria en el oficialismo y abre un flanco para críticas fundadas.
El lobby eclesiástico, al parecer, es tan poderoso que la cartera educativa ni siquiera pudo ejercer poder de veto para sugerirle al clero que elija un alfil más moderado, dispuesto al diálogo y tolerante.
Se verá cómo evolucionan los acontecimientos. Capaz que Martí se revela como un fenómeno de deconstrucción acelerada.
Mientras, la Iglesia marca su gravitación en el diseño de la política educativa provincial. n

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