EDITORIAL

Las nuevas prioridades en OSEP

viernes, 13 de diciembre de 2019 · 02:19

El hecho ocurrió ayer bien temprano. El arribo de Norberto Bazán, flamante titular de la Obra Social de los Empleados Públicos, al edificio del organismo, despertó una inusitada controversia. Las primeras versiones daban cuenta de que el nuevo funcionario había tratado de mala manera a los trabajadores, pero con el correr de las horas las opiniones mayoritarias de los que habían podido presenciar el arribo de Bazán y las directivas impartidas en ese momento, coincidían en que en realidad lo que había hecho era simplemente dar instrucciones de que atendieran con premura a los afiliados.

El episodio sucedió poco después de las 7 de la mañana. Este detalle -lo temprano del horario en que el funcionario ordenó que se atendiera a los afiliados- fue lo que sorprendió: la atención hasta ahora comenzaba a las 7.30. 

Bazán ya había anticipado que su intención era priorizar una oportuna y buena atención al afiliado y que iba a propiciar que ésta comenzara media hora antes de lo que era práctica habitual hasta entonces.

Se desconoce con precisión si hubo alguna palabra de más o un tono de voz más alto que el recomendable; si así fue, está claro que no corresponde en un funcionario. Pero las directivas impartidas por Bazán, luego ratificadas a través de un comunicado oficial, parecen orientadas saludablemente a promover una reorganización que torne eficiente el trabajo de los empleados de la repartición, esfuerzo que deberían imitar, aprovechando además que están estrenando cargo, el resto de los funcionarios del nuevo gobierno provincial y de los municipios.

Es lugar común la crítica, además fundada, respecto de la calidad de la atención que brindan los organismos del Estado provincial a los ciudadanos que concurren a realizar trámites de distinta índole. No sería justo cargar contra los trabajadores, pues la gran mayoría de ellos cumplen sus funciones, o al menos intentan hacerlo en un contexto de burocracia de la que es difícil escapar, brindando una buena atención. Pero entre los que no tienen esa predisposición y los graves problemas graves organizacionales que padecen muchas de las oficinas públicas, la conclusión es que la atención es deficitaria.

No es un argumento válido, salvo excepciones muy puntuales, invocar escasez de personal para explicar las falencias en el funcionamiento de las estructuras estatales. Por razones conocidas existe una superpoblación de empleados públicos en la mayoría de las áreas, y es deber de los que tienen cargos en los niveles de conducción producir las transformaciones organizacionales necesarias para lograr la eficiencia que los ciudadanos exigen razonablemente. 

En el caso de OSEP, Bazán ha declarado que la prioridad son los afiliados, en especial los del interior, los que tienen alguna discapacidad y las embarazadas. El mensaje ha sido claro y auspicioso, aunque con su enunciación no alcanza. La obra social, y todas las oficinas del Estado, tienen la obligación de adecuar su funcionamiento, sin afectar por cierto los derechos laborales de los empleados, para lograr los estándares de calidad que reclaman los ciudadanos. 

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