Cara y Cruz

Dos corporaciones

Pasados los festejos por las asunciones, desmenuzados los mensajes inaugurales, intercambiadas...
miércoles, 11 de diciembre de 2019 · 02:10

Pasados los festejos por las asunciones, desmenuzados los mensajes inaugurales, intercambiadas las felicitaciones y agradecimientos de rigor -sinceros o impostados, lo mismo da en estos rituales- los litigios de la vida mundana no tardan en recordar a los gobernantes que no hay amor sin espinas. 
Los detonan en la apertura de esta nueva etapa dos corporaciones: la judicial y la del sindicalismo del municipio capitalino acaudillado por el secretario general del SOEM, Walter Arévalo.
El gobernador Raúl Jalil inicia su mandato con una exigencia de la Corte de Justicia, que pretende incrementar el presupuesto judicial un 73%, más de veinte puntos por encima de la pauta establecida para los poderes Ejecutivo y Legislativo.
Al intendente capitalino Gustavo Saadi, Arévalo no le dio tiempo ni de sentarse que ya le acomodó un paro por tiempo indeterminado. 
La actitud de ambos mandatarios comenzará a definir el temple de sus respectivas gestiones.


La pulseada por el presupuesto de la Justicia local se desarrollará en la Legislatura. 
El oficialismo tiene mayoría en las dos cámaras, no debería tener problemas en imponer su criterio, pero la idea es consensuar un incremento más razonable y evitar desgastes institucionales. 
Los sondeos tendientes a que la Corte morigere sus pretensiones antes de elevar el proyecto de Presupuesto a la Cámara de Diputados fueron infructuosos, de modo que se intentará un acuerdo para que la oposición, o la mayor parte de ella, legitime la poda. 
El alegato judicial frente al recorte es, por lo trillado, previsible: la independencia de la Justicia se sustenta en su autonomía económica, restringirle recursos supone el intento de condicionarla. 
Depende de las circunstancias, sería la réplica oficial. 


La menesterosa situación económica obliga a un esfuerzo colectivo al que el Poder Judicial, cuyos jerarcas embuchan emolumentos exorbitantes y gozan de numerosos privilegios, también debería contribuir. Esto, por no hablar de la cuestionable calidad del servicio que la mayoría presta.
Por si no bastara, Alberto Fernández abonó el terreno para objeciones más profundas en su primer mensaje como Presidente, al anunciar que promoverá una reforma de la Justicia Federal para purgarla de miserias (ver página 2). 
Las máculas de la magistratura local son ya demasiado ostensibles como para continuar ignorándolas.
En términos políticos, un desempeño general de mediocre para abajo y la acumulación de privilegios despojan al Poder Judicial de autoridad para exigir partidas superiores a la media y sacarle la nalga a la jeringa de la austeridad.


En la Capital, lo de Arévalo es típico. Saadi se reunió con él al día siguiente de asumir y allanó a los reclamos que precipitaron el paro, pero el tipo decidió parar de todos modos y movilizó a sus tropas para impedir la salida de los camiones recolectores de residuos. 
El nuevo intendente aprovechó para enviar una señal política. El Municipio planteó una denuncia penal y logró que la Justicia ordenara liberar el tránsito de los camiones secuestrados por el arevalismo. Que los camiones salieran a cumplir con su tarea indica que los agentes de la repartición no compartían los motivos de la medida de fuerza, salvo que se esté en presencia de un fenómeno paranormal de choferes y recolectores fantasma.
Además, se descontarán los días no trabajados a quienes se plieguen al paro, en línea con jurisprudencia sentada por la Corte de Justicia.n

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