OPINIÓN

La 4ª revolución industrial y los desafíos para Argentina

sábado, 9 de noviembre de 2019 · 02:00

LIC. LISANDRO ÁLVAREZ. SUBSECRETARIO DE INDUSTRIA, COMERCIO Y SERVICIOS DE CATAMARCA

La discusión sobre si Argentina tiene que ser o no un país industrial perdió razón de ser. Primero porque Argentina es efectivamente un país industrial. Existe un mito de que la industria es la que genera el déficit estructural de divisas por la integración de insumos importados en sus procesos. Pero como muchos mitos, es falso. Si no existiera la industria, la Argentina igualmente consumiría productos industriales terminados, a un costo en materia de divisas todavía mayor para el país.
El Gobierno nacional actual nos quiso hacer creer que la industria es cosa del pasado, sin embargo, cuando uno observa la cuarta revolución industrial y las políticas adoptadas por los principales países del mundo, comprueba que la industria avanza a la par de los profundos cambios tecnológicos, inclusive impulsándolos. En efecto, a nivel global, las empresas industriales movilizan los mayores recursos de la inversión en I+D del sector privado.
Después de los avances registrados en las finanzas (Fintech), el comercio y los servicios, la incorporación de nuevos procesos automatizados basados en inteligencia artificial y Big Data están modificando el panorama en sectores industriales, como el petrolero, siderurgia, alimentación, electricidad, construcción, minería y hasta gestión de agua. No se trata de una modernización de los circuitos de producción, sino un salto cualitativo para incrementar la productividad y reducir costos para competir en los mercados internacionales. 
La clave de una empresa chica o mediana para empezar en la industria 4.0 no exige necesariamente grandes inversiones, pero sí capacitación, cultura innovadora y visión de largo plazo. Los expertos aseguran que la inestabilidad actual no es un obstáculo para empezar a incorporar herramientas tecnológicas en empresas de cualquier tamaño.
Las industrias del futuro no implican una gran transformación remota, ya que los empresarios pueden empezar poco a poco y tener logros rápidos con poco presupuesto. Todo lo que necesitan son soluciones de automatización, sensores, dispositivos de conexión y un software para gestionar datos. Posteriormente, se podrán incorporar robots de transporte autónomos dentro de una planta y se irán dotando de mecanismos de manipulación para que puedan clasificar y entregar piezas al llegar a cada puesto de trabajo o máquina.
El contexto actual no es el mejor para las Pymes argentinas, pero sabemos que, en momentos de crisis, la nueva Revolución Industrial 4.0 representa oportunidades a corto y largo plazo, para ellos hay que trabajar a la par de todo el sistema educativo y empresarial en lo concerniente a la formación y capacitación de los futuros trabajadores, sinergia con las escuelas técnicas y universidades que ya están analizando las carreras del futuro y modificando las currículas, con foco en los nuevos oficios y profesiones. Los desafíos del cambio tecnológico demandan hoy más que nunca priorizar la educación entre las políticas públicas de mayor relevancia.
Solo a través de una educación de calidad, la transformación laboral que implica la cuarta revolución industrial podrá ser atravesada como una verdadera oportunidad para la sociedad en su conjunto.
La industria es un sector que guía la nueva etapa del desarrollo global, conocida popularmente como Industria 4.0, es decir, la inteligencia artificial, la digitalización, los robots colaborativos, los datos y su procesamiento empujan un nuevo modelo de producción de bienes y servicios, en el que no se disputa por la fabricación del bien en sí, sino por el control de los procesos clave donde se agrega el valor. Estamos en una transición tecno/productiva trascendental donde una fábrica ya no solo es un lugar donde se manufacturan objetos, sino un espacio dinámico que busca brindar soluciones integrales a los consumidores y proveedores.
Sumarse a esta Cuarta Revolución Industrial es posible y necesario para todas las empresas -grandes, medianas y pequeñas-, porque significa más productividad, menos costos y aumento de la eficiencia en los procesos y resultados finales. Además, es vital para mejorar las condiciones laborales y de bienestar social de los trabajadores. Si se quiere ser competitivo en el futuro inmediato, la clave es subirse al tren de la transformación digital.
 

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