CARA Y CRUZ

Conveniente silencio

sábado, 9 de noviembre de 2019 · 02:05

Como ocurre con tantas causas en las que los acusados son personajes vinculados al poder político o gozan de ese extraño velo protector que los aleja “in eternum” de un juicio, el caso del intendente de Puerta de Corral Quemado (Belén), Enrique Aybar, reelecto una vez más el 27 de octubre bajo el sello de Juntos por el Cambio, ha cumplido los requisitos para integrar ese lote de privilegio. 

Aybar carga con la imputación del delito de “abuso sexual simple agravado por la guarda en calidad de autor” en perjuicio de una menor de edad. La denuncia en su contra se radicó el 26 de abril de 2013. Según la presentación, Aybar, quien entonces ya era intendente, ingresó a un motel alojamiento de la ciudad Capital con una adolescente de 15 años -oriunda de Puerta de Corral Quemado-, a quien le habría prometido que haría gestiones para otorgarle una beca estudiantil.

Era obvio que no se trataba de un lugar para hablar de becas ni de trabajo. Fue entonces que el hombre habría intentado aprovecharse de la joven, a la que habría manoseado y besado al tiempo que la amenazaba de muerte y le advertía que no debía comentar lo que estaba sucediendo. Pero la menor le contó a su madre, quien hizo la denuncia penal en la ciudad de Belén. Como los hechos denunciados habrían ocurrido en Capital, pasó a manos del entonces fiscal Roberto Mazzucco, quien imputó a Aybar y pidió que la causa vaya a juicio. 

Eso sucedió en noviembre de 2015. Pero los abogados de la querella pidieron una ampliación de declaración de la víctima, ya que ella aseguraba haber sido accedida carnalmente. Los informes médicos indicaron lo contrario. La fiscalía avaló así que la defensa de Aybar pidiera el sobreseimiento en junio de 2016. El juez de Control de Garantías no hizo lugar y dispuso que otro fiscal emitiera un dictamen.

En septiembre de 2017, el fiscal Víctor Figueroa mantuvo la acusación y elevó la causa a juicio. En octubre de 2018 estaba previsto que se realice el debate, lo cual no se concretó porque Aybar no fue notificado.

En septiembre pasado hubo nueva fecha de audiencia, Aybar solicitó ser beneficiado con la “probation” (suspensión del juicio a prueba). Ofreció $300.000 y se comprometió a realizar tareas comunitarias. Pero el tribunal rechazó tal pretensión y la defensa del intendente fue en casación hasta la Corte de Justicia, la cual no le hizo lugar.

Hasta allí los vericuetos procesales. Solo falta que efectivamente Aybar sea sometido a juicio. Por lo pronto no hay fecha. 

Ayer, una vez más, organizaciones de mujeres que luchan a favor de los derechos de las víctimas de estos hechos se manifestaron con el propósito de que el caso Aybar sea sometido a juicio y que se ponga a fin a lo que consideran un “manto de protección estatal y política”. 

Porque el intendente Aybar consiguió ser nuevamente candidato –antes por el FCS y ahora por JC- gracias a la venia del radicalismo catamarqueño, que no puso en la balanza de las decisiones las cuestiones morales o de género, sino que directamente apostó a la carta ganadora en esa localidad. Ni siquiera analizó si había otro candidato con chances de triunfo en sus filas. 

Poco antes de las elecciones, un grupo de mujeres autodenominadas “Radicales Ola Verde” suscribieron un documento dirigido a la “dirigencia política” en el cual le piden que garantice que "chacales acusados por abuso sexual, con causas judiciales en curso, no puedan acceder a representaciones institucionales”. “Hoy, más que nunca, la probidad debe ser la condición”, agregaban.

Es de suponer que no lo dirigieron directamente a la UCR por presiones internas, ya que de hecho Aybar fue el único candidato “chacal” de octubre. El partido nunca se pronunció institucionalmente sobre el tema. Solo su presidente y diputado electo, Alejandro Páez, se refirió a eso forzado por una consulta periodística. “Hay procesos judiciales que se deben concretar para determinar la inocencia o la culpabilidad", se limitó a conceder Páez.

Lógica respuesta para un asunto que el radicalismo prefiere mantener en conveniente silencio.

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