CARA Y CRUZ

El deschavete de Arévalo

viernes, 8 de noviembre de 2019 · 02:03

En la florida arenga que dio frente a la sede del SOEM antes de abrir la compuerta a la violencia, Walter Arévalo, secretario general del gremio municipal, omitió mencionar un detalle interesante.
En una nota que presentó a la Intendencia el 5 de noviembre, no incluyó la estabilidad laboral para precarizados y becados municipales entre las condiciones que debían cumplirse para que se abstuviera de convocar a un paro el martes. Ni siquiera propuso empezar a discutir algún procedimiento para avanzar en tal sentido.
La lista de exigencias de la intimación se circunscribe al apartamiento del secretario de Protección Ciudadana, Juan Zelarayán; la solución de la problemática del área; la liquidación como corresponde de un adicional para el personal de Rentas y la refacción de los camiones recolectores de residuos.


Que olvidara formalizar el justificativo principal de la rabiosa movilización que sitió al Concejo Deliberante ayer sorprendería si sus mañas de chantajista no fueran a esta altura más manyadas que el tango La Cumparsita.
La aflicción por precarizados y becados y la indignación por los pases a planta permanente fueron impostaciones tendientes a insuflar expectativas de estabilidad laboral y sumar incautos a su causa personal, que es bastante más mezquina.
Su verdadero móvil es condicionar la transición entre el intendente Raúl Jalil y el electo Gustavo Saadi para sostener los puestos políticos de sus acólitos y, en el mejor de los casos, obtener algunos más. El “arevalismo” concentra una gran cantidad en la Secretaría de Protección Ciudadana, donde le concedieron incluso la Dirección de Tránsito, y por eso es que exige la renuncia del secretario Zelarayán. Los gritos, compadradas y sobreactuaciones pretenden ocultar esta perla de solidaridad.
En tal estrategia de camuflaje, el secretario general aseguró ayer que no lo mueve la ambición por algún cargo en el futuro Gobierno. “Que se pierdan en el culo los cargos, compañeros”, se enfervorizó ante su afición.


Tero, tero: en un lado grita y en otro pone los huevos ¿Qué puesto iban a ofrecerle en la Provincia que lo llevara a dejar la manija que tiene en el SOEM? Demasiado cómodo está donde está y la influencia del “arevalismo” ha crecido desmesuradamente. Energúmeno, pero no tonto. No se pondrá a tiro de decreto cuando tranquilamente puede continuar apretando a diestra y siniestra al amparo de los fueros sindicales.
El lamentable reventón de ayer terminó de revelar la catadura del personaje y el volumen del problema que deberá enfrentar Saadi cuando asuma. La muñeca política no le alcanzará al intendente debutante si le falta el respaldo de los capitalinos, que vuelta a vuelta tienen que aguantar que Arévalo los tome de rehenes para satisfacer sus intereses particulares.
El jefe del SOEM carece de prudencia, virtud medular en cualquier político. Le sobra en cambio la prepotencia.


Para ser ecuánimes, se atenuará el rigor de estas consideraciones con la comprensión. No puede concebir el valor que tienen la sensatez y la vocación de diálogo en la función pública quien no ha tenido oportunidad de aplicarlas para ganarse lo que tiene.
Lo real y cierto es que a este Atila contemporáneo le regalaron con moño y todo la posición que aprovecha para extorsionar.
A contrapelo de sus ínfulas de Che Guevara redivivo, accedió a la titularidad del SOEM luego de una intervención, en elecciones en las que participó como caballo del comisario, en este caso del intendente y los interventores. Tampoco fue fruto de su solvencia administrativa el salvataje económico del SOEM quebrado, pues fue el Municipio el que puso el dinero para sanearlo.
No hay registro en su historial de las sacrificadas luchas que se atribuye con tanta autoindulgencia.

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