CARA Y CRUZ

Vaya mascando, intendente

jueves, 7 de noviembre de 2019 · 02:03

Como para que Gustavo Saadi vaya enterándose de los bueyes con que tendrá que arar cuando asuma, a menos de dos semanas de las elecciones que lo consagraron intendente de la Capital el secretario general del SOEM, Walter Arévalo, mete una movilización al Concejo Deliberante y un paro desde el martes. La excusa son 60 pases a planta permanente en el municipio que se habrían producido en las últimas semanas, desobedeciendo una orden suya para que se suspenda el ingreso de personal o, en todo caso, se priorice a becados y precarizados para darles estabilidad laboral.
Este altruismo es pura fachada declamativa. Lo que Arévalo pretende es meter la cuchara en las designaciones y, lo más importante para él, asegurarse de que la transferencia de mando en la comuna, que supone obvios cambios en la plantilla del funcionariato, no afecte los casilleros cubiertos por sus protegidos, que son muchos y logrados a fuerza de chantajes.

De modo que en realidad, la medida de fuerza es un mensaje para Saadi de corte mafioso, puesto que su contenido no es explícito. La pretensión del SOEM es cogobernar la Municipalidad de la Capital, prerrogativa que exige en base a su capacidad para interrumpir la prestación de los servicios básicos, en especial la recolección de residuos.
Arévalo lo envía cuando la administración Saadi todavía está en ciernes con un doble propósito: por un lado, condicionar la transición entre Raúl Jalil, intendente saliente y gobernador electo, y su sucesor; por el otro, advertirle a Saadi que la aplastante legitimidad que obtuvo en las urnas es inválida para el sindicato.
Para ir mascando. La transición no sólo tendrá que contemplar las decisiones políticas de Jalil, Saadi y la gobernadora y diputada electa Lucía Corpacci, sino también las de Arévalo, a pesar de que después de mucho amagar se quedó en aprontes y no se postuló como candidato.
Si tanto le interesaba gravitar en el diseño de los equipos de la administración municipal, llama la atención que no lo haya hecho. Que no se haya postulado, por ejemplo, como candidato a la intendencia que quiere manipular. O que se abstuviera de promover concejales en los circuitos, conducta que lo hubiera provisto de representación en el Concejo Deliberante para presionar por espacios en el gabinete por vías menos extorsivas. En caso de ganar, obviamente.


Se desconoce si el electorado que votó masivamente a las tres figuras principales del peronismo consideró también, y avaló por consiguiente, las aspiraciones de cogobierno que el secretario general ahora destapa.
Él actúa como si así fuera. Debe atribuírsele entonces el mérito por la creación del “voto tácito”, novedad institucional mediante la cual se reclaman derechos no ganados en las urnas.
Saadi tendrá en Arévalo un problema central debido a la naturalización de sus desvaríos e intromisiones impertinentes.
Los más resonantes se produjeron en su combate contra la OSEP por el “plus médico”. Que la Municipalidad de la Capital careciera de competencia sobre la obra social no fue obstáculo para que el SOEM tomara de rehenes a los vecinos de San Fernando del Valle para que la Legislatura tratara una ley contra el adicional.

Hartos de sus bravuconadas y caprichos, le dieron el gusto con los resultados conocidos: la ley se sancionó al cuete, porque el plus continúa cobrándose. Encima, la sanción de la norma empeoró la situación, porque se establecieron mecanismos burocráticos para sancionar a los infractores que permiten alargar los procedimientos hasta el infinito.
Así, Arévalo tiene una ley que solo sirve para alimentar su de por sí inflamado ego, que lo lleva ahora a presionar para conseguir puestos en el organigrama municipal. Que no sean electivos, eso sí; que para eso hay ponerse a tiro del electorado y arriesgarse a la derrota.

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