EDITORIAL

Mensaje esperanzador

sábado, 30 de noviembre de 2019 · 02:00

En medio del dolor, Julieta tuvo el mejor de los gestos posibles: se lamentó, es cierto, y no podía ser de otra manera, por el duro momento que le tocará atravesar en los próximos años. Pero en vez de quejarse o victimizarse, eligió difundir un mensaje esperanzador, aleccionador también. Un consejo para que otros no se vean obligados a soportar lo que ella y su entorno afectivo deberán afrontar.

Julieta es pareja de Juan, un joven oriundo de Córdoba que el jueves fue condenado a cinco años de prisión por el delito de “robo en grado de tentativa” cometido contra un remisero. La pena la cumplirán ambos: él, encerrado por el delito que cometió; ella, porque deberá vivir los próximos años sin él a su lado. Y también los hijos de ambos.

La joven eligió hablar después de la condena: “Es un puñal en el pecho –le dijo a El Ancasti-. “Nadie está exento de esto. Vamos a salir adelante y espero que recapacitemos todos para no cometer estos errores, que nos traen este arrepentimiento y mucho sufrimiento”. Visiblemente emocionada agregó: “Hoy me toca enfrentar la pena de mi compañero, padre de mis hijos. Dentro de toda la tristeza, la angustia que tengo, les quiero dejar un mensaje a los jóvenes, que se alejen de los vicios, porque esto trae cosas malas, negativas”.

Julieta explicó que podrá superar el duro trance gracias a la palabra de Dios. El mensaje es positivo y esperanzador. Probablemente otras personas que se encuentran en situaciones similares, con familias desintegradas momentáneamente por la separación de uno de sus integrantes para que purgue una condena en prisión, no encuentren fuerzas para seguir precisamente en la religión, sino en los afectos, las amistades o, por qué no, en la convicción de que un cambio de vida es posible, y con esa expectativa la ausencia del ser querido pueda sobrellevarse mejor. 

La reflexión de la joven vale para todos, pero especialmente para aquellos que incurren en actividades delictivas como consecuencia de excesos. Es decir, los que no eligen voluntariamente introducirse en el lúgubre mundo del delito sino que caen en él por situaciones no premeditadas inicialmente. Julieta relató que la caída de Juan obedeció a un conjunto de malas elecciones en su vida: “Fue todo un compuesto de cosas, noches, drogas, malas compañías. Por eso el mejor mensaje es alejarse de todo lo malo. Ser fiel a Dios nos va a apartar de todo lo malo. Juan nunca vino a Catamarca para quedar involucrado en esto. Por eso, tenemos que pensar muy bien antes de hacer las cosas”.

En medio del dolor por la inevitable separación resultante de la condena, la joven optó por aceptar las equivocaciones, señalar sus causas y proclamar la posibilidad de reinsertarse, crecer y salir adelante, evitando las ocasiones próximas al delito. Reconocer el error y creer que es posible mejorar son los primeros y fundamentales pasos para transformar la realidad personal y también familiar, como en este caso.

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