Editorial

Operación rescate

Con el objetivo explícito de recuperar un valioso patrimonio diseminado y un propósito tal vez recóndito...
viernes, 29 de noviembre de 2019 · 02:13

Con el objetivo explícito de recuperar un valioso patrimonio diseminado y un propósito tal vez recóndito, el de subsanar errores de omisión pretéritos, autoridades provinciales, o con representación de la provincia, se han esforzado en los últimos años en el desafío de llevar a cabo acciones o gestiones vinculadas con el rescate de piezas arqueológicas halladas en suelo catamarqueño y traficadas ilegalmente hacia otros destinos.

La cantidad de piezas robadas es incalculable. Laxos o inexistentes controles permitieron durante un siglo que una porción importante de la riqueza arqueológica se fugara hacia colecciones privadas u oficiales. Una parte significativa fue extraída de nuestra provincia hacia fines del siglo XIX y primera mitad del siglo XX, antes de que se sancionaran normas de alcance provincial o nacional que prohíben el tráfico del patrimonio cultural y arqueológico.

Operativos de índole policial lograron recuperar algunas. Pero, por supuesto, esos procedimientos, aunque necesarios, son absolutamente insuficientes. Es que el grueso del patrimonio sustraído está en museos, lejos de Catamarca pero a la vista de todos. Para recuperarlo no sirven denuncias formuladas en una comisaría o en sede judicial, sino muchas y muy consecuentes gestiones de índole política.

Así lo entendió la diputada catamarqueña Silvana Ginocchio, quien, con el acompañamiento de Gustavo Saadi, presentó un proyecto en el Congreso de la Nación para que el Poder Ejecutivo Nacional “gestione y concrete” la restitución de 1.264 piezas arqueológicas catamarqueñas que están en poder de la Universidad Nacional de La Plata y del museo de Ciencias Naturales de esa ciudad.

Las piezas a recuperar corresponden a la llamada “Colección Lafone Quevedo”, entre las que se encuentra el emblemático “Disco de Chaquiago” o “de Lafone Quevedo”, bautizado de esa manera en homenaje al arqueólogo uruguayo que realizó una enorme tarea de rescate en territorio catamarqueño, particularmente en Andalgalá. El proyecto establece que las piezas rescatadas sean enviadas precisamente a ese departamento del oeste provincial, para ser exhibidas en el museo.

Es probable que el proyecto sea aprobado. Pero es de resolución, por lo cual no obliga a las autoridades del Ejecutivo a nada. Es como un pedido, que puede acatarse o no. El valor reside, en realidad, en conferirle un carácter institucional al reclamo.

Si el intento catamarqueño por recuperar esas piezas se agota en el proyecto, de nada habrá valido, como sucedió con dos iniciativas similares presentadas en 2011 y 2014 por la entonces senadora Blanca Monllau. De modo que es de esperar que el impulso sea sostenido con vehemencia, mediante gestiones políticas, formales e informales, orientadas a que la Universidad y el Museo accedan finalmente a la demanda y parte de la riqueza esparcida por el mundo vuelva al territorio donde fue creada por pueblos originarios, en algunos casos hace 15 siglos.

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