Cara y Cruz

Próvolo: infierno con sotanas

Las condenas de los sacerdotes Horacio Corbacho (59) y Nicola Corradi (83) a 45 y 42 años de prisión...
martes, 26 de noviembre de 2019 · 02:20

Las condenas de los sacerdotes Horacio Corbacho (59) y Nicola Corradi (83) a 45 y 42 años de prisión, respectivamente, por abusos sexuales y corrupción de menores en el Instituto Próvolo de Mendoza, ponen fin a un infierno que vivieron los internos hipoacúsicos durante años, pero al mismo tiempo sigue desnudando la actitud cómplice de la Iglesia con estos casos. 
Porque los hechos ocurridos en Mendoza podrían haber sido evitados si la jerarquía eclesiástica hubiera actuado de otra forma desde el principio. Todo se originó en 1950 en Verona, Italia, donde el Instituto Próvolo tiene su sede central. Allí hubo decenas de sacerdotes acusados de abusar sexualmente y torturar a chicos sordos durante al menos cuatro décadas. En lugar de expulsarlos y entregarlos a la Justicia, la Iglesia trasladaba a los denunciados hacia otras diócesis en el mundo. Corradi, de hecho, fue enviado a la Argentina junto a otros cuatro curas acusados. Llegó en enero de 1970 designado como director del Próvolo de La Plata. 
Y allí también se produjeron hechos aberrantes por los cuales fueron imputados Corradi y otras tres personas. En la Justicia se presentaron ocho denuncias, aunque se sospecha que hubo más casos. Y cuando empezaron a desbordar, la respuesta de la Iglesia fue la misma que antes: trasladó a Corradi a Mendoza, a la sede del instituto ubicado en Luján de Cuyo. Estuvo al frente desde 1998 hasta noviembre de 2016, cuando fue detenido. 
El juicio comenzó en agosto pasado y hubo un primer condenado: Jorge Bordón, un monaguillo que se declaró culpable y fue sentenciado a 10 años de prisión. Ayer, se sumaron Corbacho y Corradi y también el jardinero Armando Gómez Bravo, que recibió 18 años de cárcel. En el caso de los curas, el agravante fue porque las víctimas eran menores de 18 años, por convivencia preexistente con los exalumnos y por ser ministros de culto.

Los testimonios que se recabaron durante años en la causa mendocina son sobrecogedores. Una víctima contó que se desmayaba del dolor que le producían las vejaciones; otra que se cortaba a sí misma en forma periódica como consecuencia del trauma; y otros aseguraron que, además de practicar los abusos, los sacerdotes forzaban a los niños más grandes a explotar a los más chicos. De acuerdo con la fiscalía, los abusadores buscaban garantizar el silencio de los niños mediante amenazas: les decían que los expulsarían o que matarían a sus padres si les revelaban lo que sucedía. Como si no bastara, además reducían adrede su capacidad de comunicación porque en el instituto no se enseñaba lenguaje de señas. Que sus víctimas tuvieran disminuidas sus facultades para comunicarse equivalía a menos habilidades para denunciar el horror que vivían. Macabro.
El fallo histórico del Tribunal mendocino representa la contracara de lo que ocurre en la Justicia de Catamarca, donde las causas que involucran a sacerdotes en aberrantes hechos de abuso contra menores siguen atrapadas en su maraña. A saber. El cura Juan de Dios Gutiérrez fue denunciado en octubre de 2015 y está imputado por el delito de “abuso sexual con acceso carnal agravado por ser ministro de un culto religioso”. Estuvo preso 36 días y recuperó la libertad –con restricciones- tras pagar una caución de $50.000. La causa no tiene fecha de debate ni la tendrá hasta 2020. El sacerdote Moisés Pachado fue denunciado en diciembre pasado. Está imputado por los delitos de "abuso sexual con acceso carnal” y "abuso sexual simple”, en ambos “agravado por ser el autor ministro de un culto". Si llegará a juicio aún es algo incierto. Por lo pronto está libre. 
Finalmente está el caso del expárroco de Andalgalá José Rasguido, denunciado en 2014 por la madre de un adolescente al que habría abusado en forma reiterada y que luego intentó quitarse la vida. La causa fue elevada a juicio por tercera vez. Su defensa presentó nuevamente una nulidad que aún no fue resuelta. Al estilo Próvolo, Rasguido fue trasladado de Andalgalá al Obispado de Catamarca para resguardarlo. 
Casos parecidos, conductas disímiles de los responsables de administrar justicia. n

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