EDITORIAL

Un cisma innecesario

sábado, 23 de noviembre de 2019 · 08:14

A 17 días de la entrega del mando al gobierno electo, la administración de Mauricio Macri parece haber ingresado en una sucesión de desaciertos y desencuentros que no hacen más que socavar aún más la imagen de un mandato que se desgrana sin atenuantes. 
El último episodio fue el ocurrido en el área quizás menos política de un gobierno: Salud. El secretario Adolfo Rubinstein dio vía libre a protocolo de actuación para casos de interrupción legal del embarazo (ILE), una suerte de guía técnica para profesionales, y eso fue suficiente para desatar una polémica que hasta volvió a reeditar la grietas entre los que están a favor y en contra del aborto. 

Tanto fue el escándalo que la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley, y el propio presidente Macri se apresuraron a revocar por decreto la resolución de Salud “por inconsulta” y a Rubinstein no le quedó más salida que presentar la renuncia al cargo. 
La resolución, que se publicó el miércoles en el Boletín Oficial, permitía a las adolescentes menores de 15 años abortar en hospitales públicos, por considerar que cursar un embarazo a esa edad constituye un riesgo físico y psicológico para su salud. Además, establecía que quienes tengan entre 13 y 16 años podrán abortar sin que se les pueda exigir la autorización de los padres, si se trata de un embarazo de menos de 12 semanas y de un aborto medicamentoso.
La revocatoria de esa resolución, que salió con la firma de Macri, Stanley y el jefe de Gabinete, Marcos Peña, explica que “la resolución citada fue dictada por la Secretaría de Gobierno de Salud sin consultar la opinión de sus superiores jerárquicos, máxime teniendo en particular consideración la relevancia e implicancias de las cuestiones en ella reguladas”.
También apunta a una “falta de intervención de los organismos con competencia en materia de niñez y adolescencia, discapacidad y mujer”. 

Esto también elevó la tensión entre el macrismo y el radicalismo (Rubinstein pertenece a sus filas), que desde que se desató la polémica salió en bloque a respaldar al ex secretario de Salud. “Rubinstein hizo todo bien, y avisó antes de las elecciones que había que actualizar el protocolo porque en muchas provincias no se cumplía”, justificaron fuentes radicales.
En el texto de su renuncia, Rubinstein aseguró que “la publicación de este protocolo respondió a la necesidad de actualizar la normativa adaptándola al Código Civil y Comercial de 2015 y la Resolución 60/2015 del Ministerio de Salud de la Nación, actualizando también las recomendaciones internacionales acerca de los medicamentos y procedimientos para la interrupción voluntaria del embarazo (IVE)”, expresó.

“Lamentablemente, esta decisión de formalizar jurídicamente la protección de derechos en los casos de causales de aborto no punible tuvo una repercusión política indeseada que terminó mezclando las causales de interrupción legal con el debate de interrupción voluntaria del embarazo (IVE)”, enfatizó el hoy ex funcionario.

Sin dudas, a Rubinstein no le faltó buen criterio formal, sino una lectura fina del clima político en el país y de lo que suscita el tema aborto. Quizás debería haber consultado a sus jefes jerárquicos antes de dictar la resolución, o bien dejar que sea el próximo gobierno el que se encargue de pilotear el tema. 
Como sea, se trató ciertamente de una ruptura interna que podría haber sido evitada con mejor comunicación.n

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