lo bueno, lo malo y lo feo

Militante

Carta al director.
domingo, 17 de noviembre de 2019 · 04:07

Palabra que quienes estamos en la política la escuchamos a diario. Si tuviéramos que definirla ¿cómo lo podríamos hacer? 
Lo primero que deberíamos saber es que se trata de alguien que encontró un sentido a la vida. Y, como diría el General Perón, encontró una "causa" (“Así como no nace el hombre que escape a su destino, no debería nacer el que no tenga una causa para servir en su vida"). Pero fundamentalmente, su causa no es personal; su causa es colectiva. 
Él pertenece a un todo y también sabe que su causa es a toda hora. No es un trabajo que pasan las 8 horas y se va a su casa, no puede sacarse el traje de militante. Sabe que le pueden tocar el timbre de su casa una vecina a las 12 de la noche porque no tiene nada para darle de comer a sus hijos, porque la vecina sabe que el militante algo va a hacer. Quizás piense que es por interés, para ganar votos que la ayuda, pero en realidad el militante la ayuda porque el militante es eso, es pueblo, y no puede dormir pensando que no la ayudó y hay alguien en su barrio que va a dormir con la panza vacía. 
Es el que cree que se puede cambiar la realidad, el que no se va a quedar quieto criticándola solamente: él va intentar muchas veces y va a lograr cambiarla. 
El militante sabe que hay cosas que están mal en su partido y lo dice muchas veces a los compañeros, pero para afuera defiende a morir. 
El militante es compañero, es solidario, es amor, es alegría y es combativo. Ese es el sinónimo de un militante: es un luchador. Que puede perder batallas y muchas, y que muchas veces piensa que ya no vale la pena, pero al instante se para y se arrepiente de pensar eso y sigue luchando como lo va a hacer toda su vida. Se cae mil veces y se va a levantar mil veces. 
El militante, consciente o inconscientemente, en una charla familiar o con amigos, siempre lleva toda conversación a la política, y eso hay amigos que no lo entienden. Algunos dicen eso es aburrido, pero él no comprende cómo puede ser aburrido lo que más lo apasiona También sabe que su referente lo pueden llamar a las 2 o 3 de la madrugada, ya que salió una pegatina; puede hacer frío, puede estar descansando, pero cuando él escucha el teléfono, atiende igual, y él va a pintar o a pegar afiches. A veces piensa, "pero yo estoy para cosas más importantes", se calienta y de nuevo, vuelve a pensar, “pero esto es importante y esto puede ayudar en una elección”.
El militante está siempre con papeles en la mano, que son para hacer una cooperativa, para conseguir una casilla o para muchas otras cosas más. El militante está pintando una escuela, haciendo jornadas solidarias sin ningún rédito económico, solo para ayudar. El militante da la pelea en un bar, da la discusión de café y hay que admitir que esto le gusta, pero no se convierte en un militante de café, él no es eso. O no es eso solo: él es acción, él transforma la realidad, a veces más a veces menos. 
Al militante lo encontramos en diferentes lugares, en un barrio, en una universidad, en las redes sociales, en los locales partidarios; o puede estar en más de un lugar al mismo tiempo. Con las nuevas tecnologías ha surgido el militante de la cultura 2.0, al viejo militante le cuesta entenderlo y le dice "cuando tengas las zapatillas con barro hablamos". Pero el viejo militante tiene que entender que esta nueva militancia es necesaria, que él está librando la batalla cultural. También, depende bastante de este nuevo militante cómo lo va a ver una parte de la sociedad. Este nuevo militante dedica tiempo de su vida gratis a esto y merece el respeto de todos los militantes.

Guillermo Andrada
 

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