Editorial

Machismo y discriminación en la pantalla

Aún en un mundo como el actual, atravesado por la injusticia, la inequidad y la violencia, es posible...
domingo, 17 de noviembre de 2019 · 04:18

Aún en un mundo como el actual, atravesado por la injusticia, la inequidad y la violencia, es posible reconocer avances de alcance global, aunque aún lejos de la unanimidad, respecto de la necesidad de deslegitimar prácticas culturales nocivas que hasta hace poco eran justificadas e incuso naturalizadas.
El racismo, el machismo, la discriminación por razones sociales, étnicas o de preferencias sexuales son hoy condenados sin que sean muchos los que intenten objetar esas condenas, al menos de manera pública. 
El repudio a la naturalización de estas prácticas crece progresivamente. Los medios de comunicación, que son causa de la masificación de las prácticas culturales, pero también escenarios donde se recrean permanentemente las pautas sociales, van modificando sus contenidos en función del rechazo al machismo, el racismo y la discriminación de todo tipo. 
Determinados contenidos, sobre todo los pretendidamente humorísticos, que formaban parte hasta no hace mucho de los programas de radio o televisión, o incluso de los argumentos de obras de teatro, hoy no podrían emitirse. En Argentina, figuras como Jorge Porcel o Alberto Olmedo construyeron buena parte de su prestigio a través de mensajes que hoy no podrían difundirse.
En los últimos días se conoció que una de las principales productoras de contenidos del mundo del entretenimiento, Disney, a través de su señal Disney+, difundió un aviso en el que advierte que en la emisión de algunos de sus clásicos se reproducen diálogos que avalan el racismo, el machismo, la discriminación étnica y otras formas de violencia, contenidos que eran socialmente aceptadas por una parte de la población al momento que se filmaron.
“Este programa está presentado como fue creado originalmente. Puede contener representaciones culturales anticuadas”, se lee en el aviso.
La empresa intentó justificar esos contenidos, pero no resolvió evitar pasarlos en lo sucesivo, lo que sí hubiese sido una admisión de internalización del mensaje del cambio de época. En la película Blancanieves, de 1937, hay abundantes estereotipos machistas. En Dumbo, del año 1941, aparecen cuervos que son considerados estereotipos de los afroestadounidenses y fomentan la segregación racial. Y en Peter Pan, de 1953, los estereotipos corresponden a nativos norteamericanos con piel roja.
Antes había sido la Warner Bros la que exhibió un cartel que aclaraba sobre los chistes racistas del conejo Bugs Bunny: “Los dibujos animados que vas a ver son producto de su tiempo. Pueden exhibir algunos prejuicios étnicos y raciales que eran comunes en la sociedad estadounidense, erróneos entonces y erróneos ahora”.
La admisión de que estos contenidos son discriminatorios debe celebrarse. Pero sirve también para entender las razones por las cuáles a muchas personas, que crecieron consumiendo dibujos animados o programas discriminatorios y violentos, les cuesta aceptar los cambios virtuosos que en esta materia vive la sociedad actual.n

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