EDITORIAL

Otra grieta para dejar atrás

lunes, 28 de octubre de 2019 · 02:00

Una de las tantas controversias que jalonan las discusiones sobre el modelo económico argentino a lo largo de la historia nacional es si se debe priorizar el perfil agroexportador o el industrial.

Tal vez el debate atrase: ambos sectores bien podrían complementarse, y la gran mayoría de los países desarrollados son potentes tanto en sector primario como en el manufacturero.

Argentina se insertó en el mundo, entre fines del siglo XIX y principios del XX, como una nación básicamente agroexportadora. Promediando el siglo pasado, comenzó un proceso de industrialización que no terminó de consolidarse.

La Dictadura militar de 1976-1983 abrió un proceso de desindustrialización que fue continuado durante la gestión del menemismo. Posteriormente, entre 2004 y 2014 hubo una recuperación de la actividad industrial. Según la consultora Abeceb, que pertenece al actual ministro de Producción Dante Sica, el crecimiento del sector fue, en promedio, del 4,6 por ciento anual.

Sin embargo, en los últimos años la producción industrial sufrió un fuerte deterioro. El INDEC acaba de señalar que en agosto la producción industrial sufrió una nueva baja interanual del 6,4 por ciento. Se trata del decimosexto mes consecutivo de caída, que llega al 8,1 por ciento en lo que va del año. Una fatal combinación de apertura de las importaciones, suba de tarifas y tasas de interés y drástica caída del mercado interno por la reducción del poder adquisitivo de los asalariados propició la debacle.

Pero contrariamente a lo que podía esperarse, tampoco el sector agroexportador fue un motor de desarrollo en el actual período. La baja de las retenciones a las exportaciones de soja y la eliminación para las de carne, trigo, cebada, maíz y girasol, medidas decididas a pocos días de que Mauricio Macri asuma el gobierno, implicó en la práctica una fuerte reducción de la recaudación fiscal.

La extensión de los plazos para la liquidación de las divisas proveniente de la agroexportación complicó aún más el panorama. Julián Blejmar, Magister en Economía de la Flacso, explica que esa medida, que luego fue interrumpida por la emergencia económica, significó, mientras tuvo vigencia, “la tendencia a la financiarización de los agroexportadores, que potenciaron la especulación en la liquidación de divisas. Así, la Cámara de la Industria Aceitera (Ciara) y el Centro de Exportadores de Cereales (CEC), que agrupan a las cerealeras que operan en el país, informaron que el monto liquidado hasta septiembre de este año, en el que se experimentó una cosecha récord, fue de 17.332 millones de dólares, es decir prácticamente el mismo que en igual período de 2018, donde liquidaron 17.184 millones, pero en medio de una de las peores sequías experimentadas por el país”.

El desafío para el gobierno que viene será diseñar un modelo de desarrollo que incluya tanto al sector primario como al industrial, y generar las políticas que permitan que ambos sean complementarios y se potencien entre sí. La dicotomía campo/industria es una de las tantas grietas que deben dejarse atrás.

 

Otras Noticias