EDITORIAL

El espejo roto

miércoles, 23 de octubre de 2019 · 02:30

Durante el primer debate presidencial, el candidato José Luis Espert, un economista liberal ortodoxo, puso a Chile como el modelo económico y político a seguir. Una semana después, durante el segundo debate, no dijo sobre el vecino país ni una sola palabra. Es que entre un domingo y otro la imagen de Chile ante el resto de los países de la región y del mundo cambió sustancialmente. 
La convulsión social que hoy vive el país trasandino, con el lamentable agregado de hechos de violencia y vandalismo que nada tienen que ver con el legítimo reclamo social, obedece a que el descontento masivo que antes permanecía callado, subterráneo, afloró violenta y descarnadamente a la superficie.

Para la dirigencia política que cree dogmáticamente en las bondades del libre mercado, Chile es el espejo en el cual todos los países de la región deben mirarse. El propio Mauricio Macri, hace unos meses, durante una visita del presidente Sebastián Piñera a la Argentina, había sostenido públicamente una posición de este tenor.

Imposible para cualquier argentino no envidiar los índices inflacionarios chilenos, de un dígito anual desde hace muchos años, o el hecho de que las oscilaciones en la cotización del dólar no sean un problema que le quite el sueño a nadie. Pero así como el país trasandino puede exhibir una estabilidad macroeconómica que otros países latinoamericanos no tienen, es indudable que presenta desequilibrios e inequidades sociales a esta altura imposible de disimular. 

Chile es uno de los ocho países más desiguales del mundo y con una bajísima movilidad social. El agua, la salud, la educación, la seguridad social, el transporte, la vivienda, la riqueza minera y del litoral marítimo están privatizados, en manos de una clase extremadamente rica, el 1 por ciento de la población, que se apropia del 26,5 por ciento del ingreso nacional, mientras que el 50 por ciento de los hogares más pobres solo accede al 2.1 por ciento de aquél. 

Chile es el país con el mayor endeudamiento de hogares de América Latina: las familias deben pagar por todo, y a un precio alto, incluso la salud y la educación. El 70 por ciento de los hogares tiene un ingreso que ronda el salario mínimo.
Jorge Saavedra, académico del Departamento de Sociología de la Universidad de Cambridge, opina que “la buena imagen que Chile tenía ante el mundo se sostenía sobre pilares débiles que se apoyaban, en gran medida, en la paciencia de un pueblo abusado que se cansó”.

Más ilustrativa aún es la reflexión del filósofo chileno Max Colodro, que en una columna escrita en el diario La Tercera, atribuyó la protesta social a “los abusos, la inequidad y las injusticias del Chile actual”.
A modo de conclusión, Colodro señala: “Es inevitable asumir que la sociedad construida en Chile desde el retorno a la democracia se acerca mucho a un rotundo fracaso, un país en esencia colmado de bronca y de frustraciones, plagado de abusos y saturado de inequidades”.

El espejo chileno se hizo añicos.

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