EDITORIAL

Debate degradado

martes, 22 de octubre de 2019 · 02:02

El último debate presidencial, a una semana de las elecciones generales, mostró un intenso contrapunto entre los dos candidatos con mayores chances de ganar los comicios.

El candidato oficialista, Mauricio Macri, con una nueva estrategia pergeñada junto con sus asesores, se mostró en esta oportunidad, respecto del domingo anterior, mucho más agresivo y dispuesto a intercambiar golpe por golpe con Alberto Fernández, el candidato de la principal fuerza opositora. Como era previsible, apeló a una estrategia orientada a identificar a Alberto Fernández con el kirchnerismo y al kirchnerismo con la corrupción.
Macri acusó a Fernández de “tapar 51 contratos por 2.000 millones de dólares para (Lázaro) Báez con una empresa inexistente o los departamentos de (Daniel) Muñoz o las valijas de Antonini Wilson o los bolsos de (José) López o la efedrina... Como decía Espert, es difícil creer que usted no vio nada. Los vio Lavagna del otro lado de la calle y usted en la oficina de al lado dice que hubo un descuido ético de Néstor y Cristina pero que usted no vio nada, la verdad que es difícil de creer”.

La respuesta del candidato del Frente de Todos fue de un tenor similar. Señaló que al Presidente “el día que deje el Gobierno, lo esperan más de 100 causas donde está siendo investigado”. Además, dirigiéndose a Macri, manifestó que “en materia energética, usted lo que hizo fue llenarle los bolsillos a sus amigos. Subió las tarifas de un modo tan cruel que la Argentina se quedó sin energía. Usted se pregunta cómo yo en mis años de jefe de Gabinete no vi la corrupción de la obra pública y usted, en el clan Macri, ¿no vio la corrupción de la obra pública, Presidente? ¿No vio lo que pasaba en su familia? Después nos contó, cuando su padre murió, que su padre era el responsable”.

Lo grave del asunto no son tanto las fuertes críticas destinadas a horadar las posiciones de sus rivales, que suelen ser tácticas legítimas a las que apelan los candidatos, sino la deliberada postura asumida por ambos candidatos de no responder a las ofensas. Es decir, de defender sus posiciones atacando al adversario, sin rebatir los ataques con argumentos de peso.
Solo Alberto Fernández ensayó muy brevemente una defensa personal argumentando que no tenía causas en su contra, pero nada dijo de las acusaciones contra ex funcionarios kirchneristas, incluida su propia compañera de fórmula, Cristina Fernández de Kirchner. 

Está claro que la corrupción no es patrimonio de un sector político en particular, sino un mal que atraviesa a todos los partidos. Pero ese cruce, como otros parecidos, marcó el momento más álgido y al mismo tiempo más ignominioso del debate. 
En vez de presentar propuestas superadoras, programas inclusivos o estrategias de desarrollo sustentable, el país asistió a una discusión en la que los dos candidatos más importantes degradaban hasta lo intolerable el debate para el que habían sido convocados.n

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