CARA Y CRUZ

La reforma y la vieja grieta

lunes, 21 de octubre de 2019 · 02:05

En una entrevista concedida al diario Ámbito Financiero, el intendente de la Capital y candidato a gobernador por el Frente de Todos, Raúl Jalil, reiteró que intentará la reforma de la Constitución de la Provincia que la gobernadora Lucía Corpacci no pudo concretar. A su criterio, la enmienda terminaría de clausurar la etapa de divisiones entre los catamarqueños iniciada con el Caso Morales. 

En el marco de una campaña oficialista caracterizada por el énfasis en que la administración Jalil sería la continuidad de la obra de Corpacci con matices de estilo, estas definiciones en torno al sentido de la reforma cobran singular relieve. No es la primera vez que Jalil anuncia su intención de promoverla, pero nunca antes la había vinculado con la vieja grieta catucha. Se trata del primer elemento conceptual distintivo claro de su eventual ejercicio respecto del de Corpacci. 

Corpacci, dice Jalil, “deja una etapa muy importante en la política de Catamarca”. Subraya que su legado principal es haber terminado con las antinomias, pero tal obra, estima, debe perfeccionarse en el plano institucional.

“Hay que avanzar en una reforma de la Constitución. Después del Frente Cívico, que empezó con el caso de María Soledad Morales y la división de los catamarqueños, creo que lo fundamental de este Gobierno fue sobre todo la unión de los catamarqueños, más allá de los colores políticos. Se inició una transformación con otra lógica, la de unidad de los catamarqueños”.

El embrión de una épica jalilista, la meta fundacional que cualquier poder en las puertas de su desarrollo requiere. 
La difunta lógica saadismo/ antisaadismo, que los postulantes de la oposición intentaron infructuosamente resucitar, requiere la lápida definitiva de la eliminación de la Constitución saadista, alumbrada en 1989 con procedimientos polémicos y el lunar de la reelección indefinida del Gobernador. Esto dice Jalil. La identidad saadista de aquella reforma, ha de convenirse, es un detalle que el oficialismo corpaccista nunca había marcado. En el resto, todo son coincidencias.

“No es un acuerdo político, es una decisión de vida”, señala al referirse a las particularidades de su acceso a la candidatura, surgida de la renuncia de Corpacci a utilizar la opción e un tercer mandato para el que estaba habilitada. 

“Creo que ocho años son suficientes para dar lo mejor de cada uno y yo también pienso lo mismo: de ser reelecto gobernador, creo que ocho años para un gobernador son suficientes para terminar con un proyecto de provincia. Y estamos convencidos que la alternancia fortalece la democracia”, dijo. 

En lo que concierne a las características de la enmienda, aparte de la erradicación de la reelección indefinida señaló la necesidad de “bajar la cantidad de diputados y senadores”, establecer un sistema parlamentario unicameral con mandatos también limitados a ocho años para los tribunos y, quizás lo más arduo de obtener, acotar el tiempo de permanencia de los jueces en sus cargos a ocho años con opción a continuar condicionada a un examen. “Creo que todo esto genera alternancia en los tres poderes”, consideró.

“Yo estudié Economía y soy un convencido de que el problema de la Argentina no es de recursos, sino de administración de esos recursos. Y todo nace en la reforma de la Constitución. Hay que limitar el gasto en la política. Para mí la Argentina tiene un exceso en todos los estamentos del Estado”, concluyó.

La reforma corpaccista, es cierto, naufragó por la negativa de la oposición a aprobarla. 

Jalil la postula nuevamente como eje institucional, con un aditamento de lectura política: la fractura expuesta tras el Caso Morales puede haber dejado de ser funcional en términos electorales, no conmueve ya a la sociedad, pero sigue operando a nivel institucional, sobre todo en la Legislatura. Es lo que se propone sepultar si accede al Sillón de Avellaneda y Tula.n

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