Mirador político

Una semana para suturar

Las tensiones en la oposición se han tornado más evidentes en el último tramo de la campaña...
domingo, 20 de octubre de 2019 · 02:10

Las tensiones en la oposición se han tornado más evidentes en el último tramo de la campaña, manifiestas en dos líneas generales de acción autónoma y divergente. En una abrevan Roberto Gómez, Flavio Fama y Rubén Manzi, candidatos a gobernador, intendente de la Capital y diputado nacional; en la otra, los intendentes que buscan su reelección. 

Frente a un oficialismo al que no han conseguido embretar en ninguna discusión de mediana trascendencia, Gómez, Fama y Manzi cifran expectativas en el eventual repunte que podría experimentar Mauricio Macri si una porción significativa del electorado decide creerle sus promesas de enmienda y se conmueve con la épica republicana desgranada en la larga marcha del “Si se puede”, experimento de escenografía populista que concluyó ayer en el Obelisco. Es decir: frustradas las maniobras tendientes a sacar al Gobierno provincial de la indiferencia a las críticas, esperan que ingredientes nacionales de evolución incierta incidan en la disputa y los traccionen. 

El movimiento de los intendentes es inverso. No esperan que la fórmula nacional de Juntos para el Cambio se recupere de la paliza sufrida en las primarias y exacerban el localismo en defensa propia, para resistir los embates de un peronismo que incrementó el esfuerzo político en sus distritos y los acosa sin tregua con la intención de engullir hasta las migas.
Desembarco

La fractura quedó expuesta con nitidez esta semana. 

Gómez, Fama y Manzi, que en muy raras ocasiones coincidieron a lo largo de la campaña, no sólo geográfica, sino conceptualmente, se reunieron para el desembarco protagonizado por el candidato a vicepresidente y senador nacional Miguel Pichetto y los ministros del Interior, Rogelio Frigerio, y Seguridad, Patricia Bullrich.

Los nacionales tañeron cuerdas que ellos no terminan de afinar. 

Pichetto objetó a los “gerentes de la pobreza” cuando fue interrogado sobre el caso de Ricardo Rodríguez, presidente de “La Martín Fierro” procesado en la Justicia Federal por extorsionar y expoliar beneficiarios de programas sociales.

Frigerio subrayó que la salud de las finanzas provinciales decantó de la generosidad macrista, que devolvió el 15% de la coparticipación que se retenía hasta 2015 para financiar la ANSES y terminó así con la política del “látigo y la chequera”.
Bullrich se metió con el narcotráfico y expresó dudas acerca del volumen de los decomisos que se hacen en Catamarca, según ellas menores a los que deberían ser. 

El Gobierno solo condescendió a replicar las apreciaciones de Bullrich. Actitud sensata, ya que tiene vínculos ostensibles con el “gerente de la pobreza” Rodríguez, funcionario en Desarrollo Social, y Frigerio es un amigo: en realidad, al hablar sobre las finanzas locales contestó a las recriminaciones de los radicales por los beneficios que recibió la Provincia de la Nación durante la administración Macri.

Como el representativo catucho de Juntos para el Cambio no supo obtener mayor provecho de la causa que abrió el fiscal federal Santos Reynoso en base a unas declaraciones de Fama sobre la venta de drogas en los barrios capitalinos, el oficialismo le sacó el bozal a su secretario de Seguridad, Marcos Denett, quien desplegó el libreto de rigor en la réplica: la Policía de la Provincia es auxiliar de Nación en el combate al narcotráfico; la responsabilidad principal por el flagelo narco recae, de tal modo, en la insatisfecha Bullrich, no en el Gobierno provincial.

El Gobierno percibe que la cuestión narco se ha vuelto a esta altura inocua en términos proselitistas, si no perjudicial para sus antagonistas. El candidato a Gobernador, Raúl Jalil, les sugirió a los opositores que dejen de vincularlo a él, Lucía Corpacci y Gustavo Saadi con el problema y planteen propuestas. “La difamación tiene un límite”, advirtió.

El caso es que volaron los referentes nacionales y la polémica murió a nivel provincial. Gómez, Fama y Manzi retornaron cada uno a sus estrategias de posicionamiento particulares. 

Esta campaña pasará a la historia por las puntas de ovillo que la oposición se abstuvo de tirar. 
Intendentes

El más acabado ejemplo del desacople en Juntos para el Cambio es el intendente de Valle Viejo Gustavo Roque “Gallo” Jalile, acechado por el peronismo unificado bajo la candidatura de la docente Susana Zenteno. 

Para disgusto de los diseñadores provinciales, marca distancias con el macrismo públicamente, organiza concurridos asados para celebrar al peronismo, adjudicó y prometió plantas permanentes y otorgó becas a mansalva.  El corte de los tramos de la boleta que le resulten inconvenientes, comenzando por la fórmula nacional, está tácito, igual que en el resto de las intendencias boinablancas.

El “Gallo” estribó en un incidente de tránsito ocurrido durante el paso de Bullrich por su distrito para tirarle al Gobierno provincial con todo. 

Sus dirigentes detectaron y filmaron una camioneta sin chapa patente merodeando por el aeropuerto cuando llegaba la ministra.

Sus agentes de tránsito la interceptaron y descubrieron a dos policías de civil, uno de ellos a cargo de Inteligencia Criminal de la Policía de la Provincia. El vehículo no tenía papeles. Los policías escaparon cuando quisieron llevarlo al corralón.

Jalile pasó a la ofensiva e hizo una denuncia penal por espionaje. Al día siguiente convocó a una conferencia de prensa en la que acusó al Gobierno de hacerlo seguir a él, sus familiares y adherentes desde hace 90 días. Ya lanzado, aseguró que el peronismo repartió en la campaña no solo bolsones y plata, sino también drogas. Todo el chimichurri.

Aparte de los candidatos chacareros, acompañaron la arremetida algunos diputados. En la Cámara baja se planteó un pedido de informes a Denett por el caso.

Pero ni Gómez, ni Fama ni Manzi se plegaron al ataque.

Tampoco apoyaron al intendente de Belén, Daniel “Telchi” Ríos, tan cercado por el peronismo como Jalile, quien salió en defensa de militantes radicales acusados de apalear a peronistas. “Los provocaron”, aseguró, leal a su tropa. “Silencio stampa” en el resto de Juntos para el Cambio.

Gómez, Fama y Manzi podrían alegar que las reacciones de los intendentes son desmesuradas, incompatibles en un escenario en el que la sobreactuación de los buenos modales ha despojado al discurso de voltaje y asperezas, como si la mera disidencia, el énfasis o la insistencia debieran interpretarse como agresión o campaña sucia. 

Los intendentes podrían reprochar por su lado que sus intereses políticos territoriales no son considerados por los candidatos provinciales, ninguno de los cuales puso ni pone el cuerpo para bancarlos en la durísima batalla que están dando contra el Gobierno.

La herida interna compromete aún más el potencial desempeño de la coalición opositora, que debe remontar una distancia de 30 puntos. Le queda una semana para suturarla y convencer a los jefes comunales de trabajar el voto completo.

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