EDITORIAL

La dictadura del “like”

lunes, 14 de octubre de 2019 · 02:01

Si bien los adolescentes muestran en la actualidad un compromiso social con ciertos temas realmente sorprendente –la lucha por los derechos de las mujeres, el cuidado del medio ambiente y el respeto del derecho de los animales, solidaridad con grupos vulnerados, etcétera-, también es cierto que por causas relacionadas con su lógica inmadurez, suelen meterse en problemas que, en determinadas circunstancias, pueden tener derivaciones muy graves.

Uno de los últimos “desafíos” a los que se autosometen, por ahora no demasiado extendido aunque con varios casos conocidos en países de la región, es el de integrar un grupo de WatsApp al que le colocan como nombre “Child Porn”, que en inglés significa pornografía infantil.

Por supuesto, el grupo no difunde material de esas características, y la denominación elegida implica, en tono de broma, un desafío vinculado al riesgo de la transgresión de “jugar” con palabras que denotan delitos de gravedad.

Estudiantes de un colegio privado de la provincia de Buenos Aires, que asumieron ese riesgo, sufrieron el bloqueo de la popular aplicación. La medida debe haber significado un problema para los chicos, que la utilizan todo el tiempo para interactuar con amigos y familiares, pero en verdad lo que hay que decir es que la sacaron barata: antecedentes indican que, de haber sucedido en Estados Unidos, los adolescentes hubiesen sido procesados por distribución de pornografía infantil. Con el tiempo, y luego de una prolongada investigación, seguramente los chicos hubieran sido exculpados, pero luego de haber vivido un calvario, consecuencia directa de una “broma” entre compañeros.

En la Argentina, el delito de distribución de pornografía infantil tiene una pena de 3 a 6 años de prisión y es un delito no excarcelable. En la gran mayoría de los países, las penas son mayores.

Son muy variados y numerosos los denominados “retos virales” para niños y adolescentes, que bajo la apariencia de juegos entrañan riesgos y peligros muy serios. El desafío del “Momo” es uno de ellos, a través del cual desconocidos acosan, extorsionan, amenazan y hasta instigan al suicidio, del mismo modo que “La ballena azul”.

Hay otros retos que desafían a los chicos a lanzarse a una pileta desde un balcón o terraza, a comer productos potencialmente peligrosos, a autoinflingirse desmayos por asfixia, verter alcohol en los ojos, a arrojar agua hirviendo a otras personas, entre otros.
Los especialistas consideran que el auge de los retos virales entre chicos y adolescentes obedece a la inmadurez, que los impulsa a veces a realizar acciones sin medir las consecuencias, y a lo que denominan la dictadura del “like”: cuantos más “me gusta” reciben, más se arriesgan.

De modo que los padres o mayores a cargo de los chicos deberán estar muy atentos a ciertas señales, y los docentes capacitarse para concientizar sobre estos peligros latentes que, demasiadas veces, derivan en consecuencias muy lamentables.

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