cartas al director

Si vamos por el ojo por ojo…

jueves, 10 de octubre de 2019 · 02:00

Señor Director:

Drew Westen en su libro “Political Brain” (Cerebro político) refiere que el 80 % de la intención del voto es emocional; eso lo saben perfectamente quienes diagraman campañas electorales. Por lo tanto, el objetivo es llegar al sistema límbico del votante, despertar sentimientos y sobre todo el más profundo, el de odio al adversario, que es lo más efectivo a la hora de hacer exitosa una campaña electoral.
A eso no escapa nuestro ADN, más si tenemos el abono de la pasión con nuestra mayoría de sangre tana y gallega; con esos condimentos fue que en 2015 algunos vivos estuvieron soplando cuanta brasita había para generar el odio hacia la maldita letra K.
Sin dudas, el politólogo ecuatoriano y algunos colaboradores sabían lo que querían hacer: siguieron el sendero del sabio persa Mani (o Manes) (215-276 d.C.), origen de esa doctrina llamada maniqueísmo.
Como vemos, el cuento de fomentar la grieta para tomar partido es vieja, pero si hoy revisamos los escenarios políticos, está más actual que nunca. Sino vean a Donald Trump llegando al poder con la pretensión de levantar un muro para poner a resguardo a su mayoría sajona de otros “vagos” latinos. O a Boris Johnson separando al Canal de la Mancha con el Brexit del resto de los europeos con argumentos económicos.
Un poco atrás, tal vez el epítome de dividir buenos de malos fue la guerra fría, y grandes tragedias originó. Si bien hubo un momento en que la humanidad parecía entenderlo, derrumbando el muro de Berlín, no duró mucho, porque lo que paga en el poder es dividir. ¿Será que divide y reinarás siempre seguirá vigente?
Hoy en nuestra Argentina es necesario ver el horizonte y otear un poco más allá, eso sin dudas nos ayudará. Napoleón decía: “Cada edad nos da un papel diferente”, y creo que la edad en que las canas y arrugas abundan hacen de la reflexión un bien preciado.
El 28 casi estaremos frente al Rubicón Alea iacta est (la suerte está echada) y salvo un milagro, se avizora un cambio de gobierno; casi está definido quiénes son los que tendrán el poder delegado del pueblo, entre quienes todavía muestran el cuero marcado por los lonjazos propiciados por los que querían mantener la poltrona.
En estos nuevos actores deberá estar impregnada la sabiduría de su acción política, que tendrá ser proactiva y no reactiva. No hablo de llegar a lo casi utópico de un gobierno cuasi confucionista con sus modos de concertación política y convivencia social, pero sí tratando de no entrar a dividir al país en buenos y malos nuevamente. No busquemos en el Código Hammurabi, no busquemos la Ley del Talión, porque, como dice el dicho, si vamos al ojo por ojo vamos a dejar a la Argentina ciega.
En los resultados de las elecciones PASO del 11 de agosto pasado se generó una ola, pero esta vez no fue emocional; en gran medida fueron la economía, la pobreza y el desempleo las que generaron el tsunami, y en su cresta surfearon candidatos. Muchos de ellos, si no se dan cuenta a tiempo, al llegar a la orilla el 10 de diciembre quedarán navegando en arena y se enterrarán, salvo que apelen a otros motores para lograr el movimiento y sacar a nuestro país adelante con consenso y no con división.
Ahora, si los motores para el accionar político impulsan las mismas metodologías, sin dudas volveremos al círculo vicioso.
Este 19 de noviembre se cumplen 47 años de aquel abrazo Perón-Balbín, dirigentes históricamente enfrentados por décadas. Sin dudas, se trató de un hecho simbólico que debería hacernos recapacitar acerca de que estamos frente a las últimas oportunidades en que los dirigentes argentinos, sean del sector que sean, demuestren ser capaces de ponerse a la altura de las circunstancias y no dejen un país cercano a la balcanización y sin futuro a aquellos que tienen una vida por delante.


Guillermo Eduardo Andrada
DNI 14.602.008

 

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