Editorial

La marca en el orillo

Entre los analistas políticos persisten las discrepancias sobre la utilidad que tienen las campañas...
martes, 1 de octubre de 2019 · 02:08

Entre los analistas políticos persisten las discrepancias sobre la utilidad que tienen las campañas negativas, que consisten básicamente en priorizar la crítica hacia los defectos o presuntos defectos de los rivales políticos respecto de las virtudes propias. 

Es preciso señalar que la respuesta al interrogante sobre la eficacia de las campañas negativas va a depender de los contextos políticos en los que se desarrollan. Es decir, en algunas circunstancias son muy útiles, y hasta son determinantes para un triunfo electoral. De hecho, Cambiemos fundamentó su acceso al poder nacional en la campaña negativa contra el kirchnerismo. El macrismo ganó más por su prédica anti K que por sus promesas de gobierno.

Pero no siempre las campañas negativas son tan efectivas, sobre todo si la ciudadanía puede ver la marca en el orillo de la estrategia de marketing, si las críticas y cuestionamientos a los adversarios son diseños surgidos de los laboratorios de campaña y no de un lúcido análisis de la realidad.

El caso de Juntos para el Cambio en Catamarca bien merece un análisis. Luego del duro golpe que significó el resultado de las PASO, el objetivo de la campaña dio un giro brusco. Coincidió, no casualmente, con la llegada de Hiram Pessoa de Melo, el consultor político brasileño que ya supo trabajar en 1999 para el Frente Cívico y Social en otras campañas y en aquellas oportunidades con herramientas a favor con las que ahora no cuenta: sobre todo abundantes recursos estatales y un adversario como Ramón Saadi.

Si antes de las PASO la campaña opositora en Catamarca, notoriamente desorganizada y sin un hilo conductor, se basó fundamentalmente en un estilo tibiamente propositivo y esquivo a la confrontación, la que discurre hacia las elecciones generales viró hacia un estilo cimentado en una serie de fuertes críticas y cuestionamientos al rival. 

La campaña negativa de este espacio es expresada por algunos de sus más importantes candidatos –Roberto Gómez viene expresando con más énfasis los defectos y errores del oficialismo provincial que explicando los proyectos que implementaría en caso de resultar electo- y complementada por la militancia por distintas vías, incluidas las redes sociales.

La campaña de Juntos para el Cambio en Catamarca ha logrado organización y consistencia. El problema es que un cambio de estilo tan evidente desnuda que la estrategia responde más a necesidades políticas que a convicciones.

El oficialismo provincial, mientras tanto, ignora a la oposición y “hace la plancha”, con abundante inauguraciones de obra y escasas definiciones de fondo, esperando que los días transcurran sin grandes novedades hasta el 27 de octubre. 

La mediocridad de la campaña, en la que la discusión sobre las políticas de estado ocupa un lugar absolutamente subalterno, es el lógico resultado de la apuesta realizada por las dos fuerzas mayoritarias, una descansando en la diferencia de agosto, y la otra apelando a una estrategia de confrontación de la que espera sacar dudosos dividendos. 

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