EDITORIAL

Donde hay armas, hay violencia

jueves, 24 de enero de 2019 · 04:09

Combatir a la violencia con más violencia no parece ser el camino aconsejado por los especialistas. Pese a estas advertencias, el flamante presidente brasileño, Jair Bolsonaro, firmó un decreto que permite la posesión de armas a cualquier persona mayor de 25 años con los únicos requisitos de no tener antecedentes penales, pasar una prueba en el manejo de armas y una pericia psicológica. 
Para el militar retirado, la solución para la ola de crímenes que asola a Brasil es darle más armas a la sociedad civil. La gran mayoría de los más de 60.000 crímenes que hay en ese país por año se producen por armas de fuego. Para los expertos, que éstas proliferen casi sin control entre la población generará una agudización de la violencia y no su disminución, como predica Bolsonaro.

La realidad parece confirmar las advertencias de los especialistas: Estados Unidos, un país donde la tenencia de armas se ve facilitada por la legislación vigente, incluso con status constitucional, es uno de los más violentos del mundo. Y una proporción importante de los asesinatos, incluidos los que se cometen masivamente, son perpetrados por armas adquiridas legalmente.

A favor del primer mandatario brasileño habrá que decir que durante la campaña no ocultó nunca sus ideas de derecha, y que su posición a favor de armar a la sociedad civil siempre fue pública. En su contra es preciso mencionar que un tema tan grave ameritaba una discusión amplia en el Congreso, y no un decreto que clausuró cualquier debate y pone en duda la legalidad e incluso la legitimidad social de la medida, porque encuestas señalan que más del 60 por ciento de los brasileños se oponen a una flexibilización tan extrema.

La premisa de que la sociedad civil usará las armas para defenderse de la delincuencia puede rebatirse, y debe descartársela además como un método eficaz para acabar con ella. Es más probable que produzca sangrientos enfrentamientos en los que saldrán perdiendo los ciudadanos comunes antes que los criminales. Y además porque las armas se pueden utilizar para dirimir de manera fatal e irreversible situaciones conflictivas que nada tienen que ver con la actividad delictiva. Los movimientos feministas brasileños, por caso, alertan que la medida incrementará el número de femicidios. 

Bolsonaro tiene sus admiradores también en la Argentina. A la propia ministra Patricia Bullrich no le pareció mal que compararan sus ideas en materia de seguridad con las del mandatario derechista. Y el controvertido diputado Alfredo Olmedo, quien anunció que se presentará como candidato a presidente, se presenta a sí mismo como "el Bolsonaro argentino".

Si bien nuestro país no tiene tan altos índices de asesinatos como Brasil, la violencia parece crecer.  Es de esperar que las ideas armamentistas que se transformaron en medidas concretas en Brasil no sean imitadas en la Argentina. Donde hay armas, hay violencia. Y si lamentablemente son necesarias en algunos casos, lo más atinado es que las utilicen efectivos profesionales y con criterios de razonabilidad.

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