EDITORIAL

Inexplicable desjerarquización

jueves, 06 de septiembre de 2018 · 04:09

A partir de la decisión del Gobierno nacional de reestructurar el gabinete, Argentina pasará a ser uno de los pocos países del mundo que no tendrán Ministerio de Salud. No se trata de una baja simbólica solamente, que le resta prestigio internacional a la Argentina: tendrá, sin duda, implicancias prácticas muy negativas, como se han encargado de señalar los ministros provinciales, ex ministros nacionales y diversos organismos e instituciones con larga trayectoria en la materia.

La medida llama la atención, además, porque otras áreas de importancia menor, como el caso de Transporte, continuarán con el rango ministerial. Y no hubo explicaciones al respecto.

Salud tiene rango de ministerio desde 1949, cuando el prestigioso médico sanitarista, neurocirujano y neurobiólogo argentino Ramón Carrillo asumió el cargo. Desde entonces, y hasta la actualidad, solo las dictaduras de Pedro Eugenio Aramburu (mandato 1955-1958) y Juan Carlos Onganía (1966-1969) habían decidido bajarle otra vez el rango, convirtiéndolas en Secretaría, como sucederá ahora.

Sobre las consecuencias negativas de tal desjerarquización, los ministros de Salud de las provincias emitieron un documento que, entre otras consideraciones, asegura que “no existe la posibilidad de coordinación, articulación y complementación del sistema de servicios de salud estatales del ámbito nacional, provincial o municipal, de la seguridad social, y del sector privado, sin que exista un Ministerio de Salud a nivel nacional que se alce como el Rector de las políticas esenciales del sector”.
Implicará una traba burocrática para la ejecución de los programas del área, si es que éstos continúan ejecutándose, porque además habrá una reducción presupuestaria y muy probablemente reducción de personal en sectores clave.

El riesgo es que se agrave una situación que ya viene siendo denunciada como preocupante por las deficiencias del sistema público de salud, algunas históricas y estructurales y otras más recientes, por la subejecución de las partidas aprobadas. Tal vez las más mencionadas en los últimos tiempos, de las cuales se han dado cuenta en esta misma columna, sean las que se relacionan con el faltante de vacunas para la meningitis o el retraso de los fondos para el programa Incluir Salud en lo que respecta al traslado de pacientes, diálisis y drogas oncológicas, pero hay otras vinculadas a la desatención de la infraestructura hospitalaria o la falta de insumos básicos.

En este último aspecto, se ha venido señalando con insistencia la insuficiencia de recursos, o la demora en entregarlos, para trabajar en la prevención o tratamiento de patologías graves y crónicas como el HIV o la tuberculosis, por citar solo dos ejemplos. 

El Estado tiene el deber de garantizar el acceso universal, equitativo e igualitario de las personas a la salud pública. La desjerarquización del área, decidida además de manera inconsulta, sin la oportunidad de que opine el resto de los actores del sistema, es un obstáculo insalvable para lograr tal objetivo.

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