EDITORIAL

La irracionalidad del sálvese quien pueda

domingo, 02 de septiembre de 2018 · 04:02

Curados de espanto por las crisis que han sacudido recurrentemente a la economía nacional, separadas entre ellas por períodos de relativa prosperidad, los argentinos solemos entrar rápidamente en pánico cuando se presentan signos inequívocos del retorno de la inestabilidad de las variables principales.

No es que no falten razones para alarmarse. De hecho, hay circunstancias objetivas para preocuparse y, además, episodios dramáticos que marcaron a fuego la conciencia de todos: corralitos que se quedaron con los ahorros de millones, corridas cambiarias que desequilibraron todas los indicadores de la economía y picos hiperinflacionarios que significaron formidables transferencias de ingresos entre sectores y consecuentemente una enorme pérdida del poder adquisitivo de los asalariados, la destrucción de gran cantidad de pymes, y, en general, un aumento de la pobreza, la indigencia y la desocupación, entre otras consecuencias impactantes.

Aunque sobren argumentos para la preocupación, la psicosis es un pésimo estado emocional para tomar decisiones. La irracionalidad del sálvese quien pueda desemboca inexorablemente en un caos en el que pierden todos. Salvo, claro, los pocos actores del mundo financiero que tienen los recursos y la información necesaria para sacarle provecho a la crisis, hábiles pescadores en las revueltas aguas del desquicio económico.

La corrida cambiara de los últimos días, la inflación casi descontrolada, la pérdida de las referencias objetivas respecto de las variables de la economía y, sobre todo, el desconcierto que envuelve al gobierno que hace menos de un año ganó las elecciones legislativas, constituyen un combo perfecto para encender todas las alarmas.

Pero a estos datos evidentes de la realidad, se le sumaron operativos malintencionados que procuran enervar el ánimo de la población, sembrando rumores falsos y alentando disturbios injustificados que –con la ayuda inestimable de las redes sociales para potenciar el miedo y el descontrol social- sólo contribuyen a empeorar el estado de situación.

Las versiones falsas sobre escasez de combustible que se echaron a rodar a través de un audio de origen desconocido provocaron el viernes a la noche en Catamarca, por ejemplo, una concentración insólita de cientos de autos en las estaciones de servicio, con colas que en algunos casos superaban las cinco cuadras.

Se registraron, asimismo, saqueos en algunos supermercados de otras provincias, que también se anticipaban en redes sociales y en rumores boca a boca y que sin duda tienen una intencionalidad relacionada más con el vandalismo que con la desesperación de la población por acceder a productos de esos centros de compras masivo.

En coyunturas difíciles como la actual, las protestas y reclamos respecto de las medidas o programas económicos que se aplican desde el gobierno forman parte de la lógica de la democracia y deben respetarse como parte del derecho de peticionar ante las autoridades. Muy distinto es sembrar con propósitos oscuros falsa versiones y alentar disturbios que solo conducen al caos.

El pueblo –y también el Gobierno- deberá saber distinguir una cosa de la otra.

 

 

 

Otras Noticias