CARA Y CRUZ

Para beneficiar y para dañar

viernes, 14 de septiembre de 2018 · 04:08

La salud financiera de la mayoría de las provincias induce a suponer que la Casa Rosada está en inferioridad de condiciones para imponer sus términos en las tratativas por el Presupuesto 2019, que se viene ajustado. Se enfatiza el hecho de que el aumento de los giros automáticos de Nación a los distritos provinciales durante la gestión de Cambiemos permitió a la mayoría de los gobernadores equilibrar sus cuentas, e incluso, como en el caso de Catamarca, lograr superávit. La ventaja política que esto significa para las provincias es obvia, pero la mayoría de los análisis no evalúan que el principal instrumento de presión que tiene el Gobierno nacional no es, y nunca fue, el retaceo de recursos de asignación automática tipo los de la coparticipación federal. No puede serlo, porque carece de la potestad de restringirlos y para adquirirla debería desmontar un entramado legal de complejidad muy superior al Presupuesto. Además, es difícil que se produzcan disidencias de importancia con las provincias en este punto, pues el volumen de las asignaciones automáticas a las provincias depende directamente del estado de las finanzas nacionales. Por tal motivo, corajeadas al margen, el interés por lograr equilibrio fiscal y financiamiento es compartido por los administradores nacionales y provinciales. 

 

El poder nacional se hace sentir en los recursos que no son de giro automático, como los destinados a obras públicas que las provincias no pueden financiar, o que requieren de procedimientos burocráticos de rendición de cuentas. Como se sabe, en la reciente reunión que mantuvieron con el presidente Mauricio Macri los gobernadores no asumieron compromisos sobre el destino del Presupuesto y se limitaron a aclarar lo que no necesitaba aclaraciones: el Presupuesto se definirá en el Congreso, como todos los años y como marca la Constitución ¿De qué otro modo podría ser? Que lo gobernadores no hayan garantizado allí el voto favorable de los legisladores de sus partidos es lógico, pues hacerlo hubiera implicado institucionalizar que diputados y senadores no representan a sus comunidades, sino que son simples ejecutores de la voluntad de los mandatarios, cosa que podrá ser en algunos casos, pero en otros no. Por supuesto, no es razonable desconocer que existe sintonía entre los gobernadores y parte de los legisladores de sus jurisdicciones, pero de ahí a esperar que los gobernadores subasten en encuentro público e institucional con el Presidente los brazos de los tribunos de sus espacios hay un trecho demasiado grande, para atravesar el cual es indispensable perpetrar humillaciones políticas adicionales a la distorsión del sistema representativo. Demasiado pedir. Macri quería la foto para mostrar que la dirigencia con responsabilidades administrativa no juega al caos y la obtuvo.

 

De ahí, las negociaciones duras por el Presupuesto 2019 recién empiezan. La divisa es la de costumbre: fondos nacionales para obras públicas, circuitos aceitados para la gestión de los recursos que deben rendirse. Como siempre y a las puertas del año donde se dirimirá la suerte de Cambiemos y de la mayoría de los gobernadores. El equilibrio financiero o los breves superávits de provincias como Catamarca alcanzan para sostener la cadena de pago de salarios, servicios y provisiones. A ningún gobernador le agrada acotar su destino al del mero pagador. La proyección política, la cosecha de prosélitos, requiere hacer, mostrar. Como están las cosas, para eso es necesaria la buena voluntad de la Casa Rosada. Ahí radica el poder de la Nación, que como todo poder, tiene dos caras particularmente nítidas en vísperas electorales: capacidad para beneficiar y capacidad para dañar. Y muchas veces el beneficio es que se abstenga de hacer daño.
 

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