EDITORIAL

Una cumbre para los abusos

jueves, 13 de septiembre de 2018 · 04:22

En momentos en que el escándalo de los abusos sexuales, lejos de aplacarse, sigue sacudiendo a la Iglesia Católica a partir de nuevas revelaciones de oprobiosos casos con víctimas inocentes y victimarios  religiosos, el Papa Francisco decidió quebrar la inercia que caracterizaba la postura eclesial en el último tiempo y convocar a una cumbre mundial, que se llevará a cabo en febrero del año que viene, para hablar de cómo prevenir el tema. Y, tal vez, de cómo promover investigaciones más eficaces para establecer las reales responsabilidades del clero. 


Apenas asumió Jorge Bergoglio como cabeza de la Iglesia Católica, evidenció una postura muy crítica respecto de los casos de abusos en ámbitos eclesiales. La puerta que abrió en aquel momento permitió que una avalancha de episodios de esta índole, que habían estado silenciados, tomara estado público y llegara la gran mayoría de esos casos a instancias de investigación judicial.
Para comprender la gravedad del tema puede señalarse que solo en Estados Unidos ha habido más de mil trescientos casos verificados desde los años cincuenta.  En Alemania, en los últimos sesenta años, las denuncias de este tipo superan las 3.500.


En la Argentina existían hasta el año pasado 59 sacerdotes y dos monjas denunciados por abuso sexual, muchos de ellos procesados y algunos con condenas firme, como Julio César Grassi. Este año se sumaron nuevos casos. También en Catamarca hay sacerdotes denunciados.
La estadística, abrumadora de por sí, no revela sin embargo la verdadera envergadura del flagelo: La inmensa mayoría de los presuntos abusos permanecen todavía en las sombras. Es lógico: no es fácil denunciar este tipo de delitos contra la integridad sexual, con más razón cuando las víctimas son niños y adolescentes y los victimarios hombres y mujeres del clero.


Empeoran la imagen de la iglesia en temas tan delicados las insólitas y oscurantistas posturas que asumen algunos de sus miembros, refractarias a lo que la sociedad espera de ellos y a la opinión casi unánime en temas como por ejemplo la homosexualidad. El presbítero catamarqueño José “Pepe” Díaz, en declaraciones a una radio local, la caracterizó como “una anomalía que debe ser atendida o corregida”, y que “ningún niño o niña nace siendo homosexual, sino que esta condición se hace (…) debido a experiencias familiares”, contradiciendo la posición que hace décadas ha asumido la ciencia y adjudicándole responsabilidades por esta elección al entorno familiar.


La decisión del papa Francisco de generar la cumbre de febrero, de la que participarán los presidentes de las Conferencias Episcopales de todo el mundo, representa una señal respecto de que El Vaticano está dispuesto a reabrir el debate sobre el tema a los efectos de intentar despegar a la Iglesia de estas aberraciones.


De todos modos, las posturas retrógradas y falsamente aleccionadoras que exhibe una gran parte del clero sobre temas como la sexualidad de las personas conspiran contra la voluntad aperturista que el Pontífice  intenta mostrar con la convocatoria.

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