EDITORIAL

Efecto boomerang

lunes, 10 de septiembre de 2018 · 04:03

En 2015, durante la campaña electoral, el entonces candidato a la presidencia de la Nación Mauricio Macri enunció tres grandes objetivos para una eventual gestión suya. La primera de ellas fue Pobreza Cero. La segunda, derrotar  al narcotráfico. La tercera, unir a los argentinos.

Fijarse prioridades tan ambiciosas tiene de hecho un rédito electoral: votar a un candidato que promete solucionar tres problemas de tanta envergadura tienta al ciudadano a darle una oportunidad. Pero también tiene una suerte de efecto boomerang: las promesas se vuelven en su contra cuando la gente se da cuenta que no podrán ser cumplidas.

Está claro que el objetivo de Pobreza Cero es una meta imposible de cumplir en el corto y mediano plazo en un país como la Argentina, que tiene a casi el cuarto de la población sometida a una pobreza de tipo estructural. Pero en vista de la crisis que vive el país, agudizada en los últimos meses, es un hecho que el Gobierno culminará su mandato el año que viene con índices de pobreza e indigencia superiores a lo que había en diciembre de 2015.

Algo parecido sucede con el objetivo de derrotar al narcotráfico. Nadie espera que en diciembre de 2019 el narcotráfico haya sido derrotado. Sí, en cambio, que el Gobierno encare un combate a fondo y profesional contra este flagelo. Respecto al estado de esta lucha, el Gobierno exhibe estadísticas que sustentan su posición respecto de que se alcanzan record de incautación de droga. Para la oposición, estos números no representan en sí mismos pruebas concretas de avance alguno en el propósito de desbaratar las bandas organizadas que operan en el territorio nacional.

El tercer objetivo, que era a priori el menos complejo de cumplir, representa un fracaso estruendoso. La grieta que dividía a los argentinos tres años atrás parece haberse ensanchado. Y en este punto hay responsabilidades compartidas, aunque es el oficialismo el que cuenta con los resortes para promover canales de diálogos institucionales serios, constructivos, y no solo reuniones para la foto. 
Las encuestas que se han publicado en los últimos días permiten corroborar que un amplio sector de la población se siente muy incómodo con estas disputas dicotómicas. Los principales referentes de ambos lados de la grieta, Mauricio Macri y Cristina Kirchner, tiene una base importante de votos, pero índices de desaprobación muy altos.

Se trata de un problema de difícil resolución. Las dos figuras de la política argentina más importantes de la última década –el actual presidente y la expresidenta- ostentan, según se ve, una importante cantidad de seguidores, pero son muchos más sus detractores.

El desafío para esa franja del electorado que aspira a superar la grieta es encontrar una opción superadora de ambas alternativas, que recoja los valores y prescinda de los defectos que han minado la credibilidad de ambos dirigentes. 

Unir a los argentinos no debe ser una proclama vacía de contenido, sino una apuesta a debatir con responsabilidad y verdadera vocación de apertura los grandes temas que preocupan a los argentinos, respetando las diferencias y las opiniones divergentes. 
 

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