Cara y Cruz

Otro emblema de la "broncitis"

El entusiasmo dedicado a las reyertas en torno al clausurado Estadio Bicentenario...
sábado, 04 de agosto de 2018 · 04:20

El entusiasmo dedicado a las reyertas en torno al clausurado Estadio Bicentenario desplazó a planos secundarios otras obras calificadas al momento de su inauguración como emblemáticas o históricas para revelar al rato nomás los desatinados criterios que las habían pergeñado. Hace unos días, el concesionario de la hostería “Polo Giménez”, localizada en la cima de la Cuesta del Portezuelo, anunció por enésima vez su intención de desistir de la administración del complejo, debido a que le resulta imposible financiarlo, entre otras cosas por el costo que le demanda el combustible para la generación de energía. No pasó de un amague, como en otras oportunidades, pero bastó para disparar las aflicciones de la Secretaría de Turismo, que señaló la inconveniencia de resignar plazas de alojamiento, y de la Municipalidad de Ancasti, que se quedó con las instalaciones luego de un ríspido litigio limítrofe con las municipalidades de Valle Viejo, que dispuso la clausura por el incumplimiento de disposiciones municipales, y Los Altos. La inquietud es comprensible: las autoridades provinciales y municipales presienten que será difícil encajarle el clavo a algún otro privado si el que está ahora se retira. Tal presentimiento se asienta en los antecedentes. 

La “Polo Giménez” se inauguró en 2009, cuatro años después de la fecha prevista. El diputado nacional Eduardo Brizuela del Moral, por entonces gobernador, estimó que el acontecimiento constituía un “hito” en el devenir del turismo provinciano. Sus expectativas han de haber mermado significativamente con el fracaso de la primera licitación para concesionarla: el “hito” no parecía interesar a ningún inversor privado. El Gobierno otorgó entonces el usufructo de la edificación por 20 años a la Municipalidad de Ancasti, que a su vez la concesionó directamente a la firma Huatu SRL, conformada por familiares de quien se desempeñaba como secretaria de Turismo: la recordada Catalina Krapp. La maniobra precipitó la renuncia de la funcionaria, quien con siete años de permanencia resistiendo zafarranchos había logrado renombre como incombustible. Su sucesor en el cargo, Edgardo Ávalos, objetó el procedimiento, pero Brizuela del Moral lo confirmó.

Los rezongos de los concesionarios por las dificultades para la administración se encadenan desde aquellos días. Tarde habrán advertido que alguna razón indujo a otros inversores con más espaldas que ellos a abstenerse de competir por el negocio. Las deficiencias energéticas, argumento con el que insisten cada vez que amenazan con la retirada, son solo una parte del problema logístico. Ninguna de las tres comunas que se peleaban por el “hito” recolecta los residuos; no hay estaciones de servicio cerca, ni aprovisionamiento de gas. Tampoco se encuentra la “Polo Giménez” en ruta cómoda para proveedores de insumos, sino más bien a trasmano, ni hay nada para hacer aparte de contemplar el paisaje, que ciertamente es espectacular pero alcanza con un rato para apreciarlo. En fin, lo dicho: un clavo remachado con el que solo se gana para reniegos.

Como el Estadio Bicentenario, la “Polo Giménez” es una secuela de la “broncitis” que aquejaba al Gobierno anterior, beneficiado por ingresos sin precedentes en la historia provincial que se empecinó en direccionar hacia obras faraónicas a las que atribuía características épicas, mientras la infraestructura básica colapsaba por falta de inversión. Cuando se anunció la decisión de hacer la hostería del Portezuelo, no faltaron quienes señalaron que ya había varias hosterías provinciales, la mayoría abandonadas, y que los millones destinados a satisfacer las ocurrencias de la gestión brizuelista estarían mejor empleados en otros campos más críticos de la realidad provincial, como el de la energía, el agua potable o las cloacas. Pero el virus de la “broncitis” es de una cepa inmune a la sensatez.
 

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