EDITORIAL

"Queremos plan"

viernes, 31 de agosto de 2018 · 04:01

El inefable Alfredo Casero pronunció hace dos semanas, en un programa televisivo, una frase que rápidamente se viralizó y recibió adhesiones entusiastas y críticas furibundas: “Queremos flan”. “A vos se te prendió fuego la casa, tenés una familia de 12 personas. Hace frío afuera y vienen y te dicen ‘¡Queremos flan!, ¡Queremos flan, papá! ¡Flan! No anda la heladera, está todo quemado. Pero ¡flan!”.

De ese modo, trazó una crítica a las múltiples demandas de la sociedad argentina por las dificultades que padece a raíz de la dura situación económica. Por cierto, la expresión fue criticada por la oposición, que sostiene que las demandas ciudadanas son justificadas, y bien recibida por el oficialismo, al punto que legisladores de Cambiemos se filmaron gritando “queremos flan”, en un video bastante bizarro e inexplicable desde la racionalidad política.

En rigor, a la luz de la falta de respuestas gubernamentales a la crisis cambiaria y a los desafíos de crecimiento con equidad que debe plantearse cualquier gestión, lo ideal sería que la consigna del humorista fuese recreada del siguiente modo: “Queremos plan”.

Es que en medio de tanta incertidumbre y volatilidad, tal vez la única certeza es la ausencia de un plan económico consistente que permita, en el corto plazo, frenar la corrida y estabilizar las principales variables financieras, y en el mediano y largo plazo estructurar un programa económico que apunte al desarrollo productivo.

El gobierno, desde diciembre de 2015, viene aplicando recetas que pueden funcionar muy bien en la teoría de las academias, pero que son inútiles, o al menos insuficientes, cuando se aplican a la economía real de un país. No es un plan, y no hay plan B, como lo han señalado recurrentemente el propio Mauricio Macri y los principales referentes de su gabinete.

La crítica respecto de la falta de un plan económico no proviene solo de la oposición, o de analistas situados a las antípodas ideológicas del gobierno. El propio establishment financiero, afín al gobierno, ha dado su veredicto en ese sentido, y por eso presiona sobre el dólar como una manera de forzar al gobierno a que dé a conocer, y lo concrete en la práctica, un programa sustentable.

El acuerdo con el FMI no es un plan en sí mismo, sino una salida de emergencia que el gobierno adoptó luego de las bruscas devaluaciones de abril y mayo. Para la oposición, el retorno del organismo multilateral de crédito al monitoreo de la economía argentina es una pésima noticia. Analistas más cercanos a la ortodoxia económica, por su parte, si bien consideran que el apoyo del Fondo puede traer soluciones, insisten en que la ayuda de miles de millones de dólares servirá de poco si no son utilizados para financiar un programa que otorgue previsibilidad a los mercados y a los inversores.

De modo que unos y otros, opositores y economistas cercanos al posicionamiento ideológico del macrismo, coinciden en algo: como ya se dijo, la ausencia de un plan económico.

Por eso, la frase viral de Casero bien podría, en función de la necesidad de encontrar respuestas a la crisis que vive la economía argentina, adaptarse: “Queremos plan”.

 

 

 

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