EDITORIAL

Derivaciones inesperadas

jueves, 30 de agosto de 2018 · 04:01

El proyecto de Interrupción Voluntaria del Embarazo que debatió el Congreso de la Nación –y gran parte de la sociedad también- logró derivaciones inesperadas. Por ejemplo, el nacimiento de organizaciones y hasta partidos políticos que tienen como eje central algunos de los temas sobre los que se vertebraron las discusiones de estos meses febriles: agrupaciones feministas, otras que proponen la separación de la Iglesia del Estado, o la apostasía colectiva y ahora, desde la vereda del frente, la organización del Partido Celeste, surgido de las filas de los que se pronunciaron en contra del aborto legal, autodenominados Pro Vida.

El Partido Celeste, según parece, que tendrá su filia catamarqueña, competirá en un mismo espacio con otros partidos –o proyectos de partidos- surgidos de la misma coyuntura y con objetivos similares, como el Partido de la Vida o el denominado provisoriamente “partido de los evangélicos”, que nació luego de que los que profesan esa religión exhibieran su capacidad de convocatoria en actos contra el proyecto de ley, empardando incluso en algunas manifestaciones a la movilización de los católicos.

Por un lado, debe celebrarse que los debates sobre temas de actualidad motiven la participación ciudadana, sea a través de movilizaciones o en estructuras de mayor grado de organización. Se sabe, la Democracia se fortalece con expresiones públicas de estas características: son la prueba de que el pueblo no es indiferente al sentido de las políticas públicas, y a veces la orientación de éstas depende de la capacidad de movilización y organización de los sectores que se meten en la discusión.

Dicho esto, es preciso mencionar también que no es lo mismo fundar agrupaciones u organizaciones de la sociedad civil, que tienen objetivos acotados a temáticas específicas, que partidos políticos, que por su propia naturaleza deben abordar todos los temas de interés público, sentar posición al respecto, criticar o apoyar con opiniones fundadas las políticas vigentes y proponer eventualmente otras alternativas. No se entiende, en consecuencia, cómo podrán llegar a consensos generales los afiliados o simpatizantes de un partido que fue concebido casi exclusivamente sobre la base de su oposición al aborto legal.

Sus mentores lo explican de la siguiente manera: “Aquellos candidatos que sean elegidos por el Partido Celeste van a tener una función exclusiva en la banca que ocupen, sea en los  Concejos Deliberantes, Legislaturas o Congreso, de impulsar y crear proyectos favor de la vida”. Así de impreciso: deberían especificar a qué se refieren con proyectos a favor de la vida. La única certeza, por el momento, además de oponerse a la interrupción voluntaria del embarazo, es que se opondrán a un proyecto que legalice la pena de muerte.

La aparición de estos partidos, además de ser oportunista, desnuda cierta falta de representación de los partidos políticos mayoritarios, que de hecho mostraron posiciones ambiguas respecto del proyecto mencionado más arriba. Tarea pendiente de estas fuerzas: ampliar los debates hacia problemáticas no convencionales y mejorar la representatividad, si es quieren continuar siendo espacios atractivos para las mayorías.

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