|| CARA Y CRUZ ||

Actitudes diferentes

viernes, 03 de agosto de 2018 · 04:02

La Justicia de La Pampa acaba de condenar a prisión a una pareja de docentes y a un médico por un fraude que perpetraron con licencias truchas que sacaron para viajar al exterior: dos años y un mes para los docentes, un mes para el profesional de la medicina. El caso es idéntico al de los docentes tinogasteños que consiguieron unos días por razones de salud para viajar al Mundial de Rusia, capaz que para hacerse el tratamiento que necesitaban allá, que no cobran plus. La diferencias entre ambas situaciones, para nada sutiles, están en la actitud asumida por el Estado. En La Pampa, el procedimiento judicial se inició a partir de una denuncia radicada por la Fiscalía de Investigaciones Administrativas, que se encarga de los sumarios administrativos a los empleados públicos y docentes provinciales, y la condena alcanzó al profesional de la medicina que suministró los certificados truchos, instrumentos indispensables para perfeccionar la estafa en perjuicio del erario. En Catamarca, el sumario a los docentes se desarrolla con ritmo ralentizado y las autoridades del Ministerio de Educación consideran que el margen para avanzar sobre el o los médicos que proveyeron los certificados falsos a los integrantes de la comitiva mundialista es casi nulo.


Al estallar el escándalo, el Ministro de Educación, Daniel Gutiérrez, señaló que la presentación de una denuncia penal por el tema era decisión de la Dirección de Asuntos Jurídicos de la cartera y que, en el caso del médico involucrado, acaso correspondiera en algún momento requerir la intervención del Círculo Médico. Bastante tímido, si se considera que el profesional fue partícipe necesario de la maniobra fraudulenta. Sin embargo, luego la directora de Reconocimientos Médicos, Analía Leiva, tomó distancia hasta de esa módica alternativa y apuntó a moderar las responsabilidades de los médicos que facilitan a los infractores los diagnósticos apócrifos. A su criterio, los docentes pudieron haber simulado las patologías. “El docente es el responsable de su conducta, no puede responsabilizar a nadie de lo que hizo porque conoce perfectamente el trámite que debe realizar en los casos en que su médico le otorga días por enfermedad ¿A quién le echamos la culpa? ¿Al médico?  Si el docente conoce el reglamento, la norma vigente y la incumple”, dijo Leiva. Que es médica.


Ni punto de comparación con conducta de la administración pampeana, que concluyó en una sanción sin dudas ejemplar. Cierto es que la Dirección de Reconocimientos Médicos se movió con celeridad inmediatamente después de que se descubriera que los docentes oficialmente enfermos estaban de los más saludables y de gira, pero el espacio para dudar de que en efecto se cometió un fraude es demasiado escaso como para abstenerse de una acción más enérgica en el plano judicial. El papel cumplido por el o los médicos involucrados tendría que ser determinado por la investigación judicial, no por las impresiones de Leiva. Podría ser, como ella se apresura a suponer, que los docentes infractores desplegaran una simulación tan perfecta como para engañar a galenos cuyo rol en el sistema es, precisamente, establecer si las dolencias aludidas son reales o ficticias. Vaya a saberse, tal vez el médico que intervino era nuevo y su falta de experiencia lo hizo caer ante la aptitud para la dramaturgia de los ladinos docentes. Pero también podría ser, por el contrario, que el médico expidiera los certificados a sabiendas de que los que pedían la licencia no sufrían afección alguna, por motivos como coimas o mera relación amistosa ¿Cómo puede saber Leiva de cuál de las conductas se trata? En cualquier caso, por culpa o dolo, el médico estuvo en falta y corresponde que asuma sus responsabilidades en el ilícito.

 

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