EDITORIAL

Gays al psiquiatra

miércoles, 29 de agosto de 2018 · 04:00

Como pocas veces antes, la Iglesia Católica es en la actualidad destinataria de fuertes críticas de parte de distintos sectores. Quizás el cuestionamiento central que recibe la milenaria institución se refiere a la contradicción entre su prédica de tipo moral y la práctica de muchos de los sacerdotes y obispos, acusados como se sabe de resonantes casos de pedofilia.

El Papa Francisco ha pedido en varias oportunidades perdón por estos episodios de inusitada gravedad. Pero a medida que se conocen más detalles de los casos denunciados, se advierte con mayor nitidez que no se trata de hechos aislados o excepcionales. De modo que parece necesaria una autocrítica más profunda e institucional, que implique además una revisión estructural de ciertas prácticas eclesiales muy arraigadas.

No obstante el daño en la credibilidad que sufre, particularmente en temas de esta índole, la Iglesia insiste con proseguir con un discurso admonitorio y retrógrado respecto de problemáticas que requieren de miradas más amplias y tolerantes. 

Luego de su reciente visita a Irlanda, el Pontífice acaba de recomendar a padres  y madres de niños gays que recurran a la psiquiatría porque “hay muchas cosas por hacer”, y señaló como un defecto de la paternidad o la maternidad ignorar esas tendencias. Su reflexión al respecto, que fue muy criticada por su oscurantismo, hizo más ruido aún porque la formuló de regreso de un país cuyo primer ministro, Leo Varadkar, es homosexual.  

La posición doctrinaria de la Iglesia Católica al respecto va en contra no solo de las modernas concepciones respecto de la sexualidad de las personas, sino incluso en contra de leyes con vigencia en numerosos países. En Argentina, por ejemplo, esas declaraciones violan “la Ley de Salud Mental y la ley de Identidad de Género, y va en contra de las políticas de derechos humanos a nivel internacional, además de estigmatizar y producir dolor”, como se encargaron de señalar organizaciones que defienden la diversidad sexual. 

Debería reflexionarse profundamente respecto de la incidencia que tienen estas declaraciones, pronunciadas por el Papa, entre las personas que tienen actitudes de discriminación hacia otras por sus preferencias sexuales. En estos días, precisamente, se conoció el tremendo caso de un nene de 9 años de Denver, Estados Unidos, que dijo que se sentía gay, fue apoyado por su familia pero estigmatizado por sus amigos y por adultos. El niño terminó quitándose la vida.

El desgaste que sufre la Iglesia cuando aborda temas relacionados con la sexualidad o la educación con visiones que atrasan décadas –sino siglos- es evidente. Lo contrario sucede cuando se encarga de colocarse del lado de los más débiles y vulnerables. Por ejemplo, cuando sienta posición en temas relacionados con la pobreza y la marginalidad. Es en estas situaciones cuando recupera prestigio y sus palabras, y las actitudes consecuentes con esa prédica, son valoradas y respetadas, incluso por los no creyentes.

Los cuestionamientos a la elección de los temas que la Iglesia Católica coloca en la agenda como centrales surgen también desde adentro. Es probable, en consecuencia, que las transformaciones necesarias vengan también desde el corazón mismo de la institución. 

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